A mi manera
No entiendo nada pero disimulo


Publicado el 03/04/2022 a las 10:55
Haydías en los que miro la prensa y no entiendo. Finjo que comprendo para seguir adelante. De lo contrario me bloquearía. Leo que Europa se deja en la factura de comprar gas, carbón y petróleo a Rusia ocho mil millones de euros al mes aun con guerra y me pregunto si no es esta una manera de ayudar a Putin a financiar sus ataques a Ucrania. No lo entiendo. Es que si cerramos el grifo a esas compras Alemania se quedaría a oscuras, señala un hombre que toma café. ¿Pero no dicen que Europa tiene que rechazar la importación de productos rusos para forzar una salida a la guerra?, responde su interlocutor. A él le pasa como a mí. No lo entiende. Pone cara de fingir. Como yo. Pero ninguno comprendemos nada. Tampoco esta estrategia de Putin que anuncia que la paz está un poco más cerca y cuando los negociadores se confían se despacha de nuevo a bombazos. Me ocurre lo mismo con los cambios de ánimo de Sánchez, abanderado antes de la causa saharaui, hoy dispuesto a hacer del Sáhara una autonomía alauita. En fin, entregado a las razones por las que durante años el PSOE y sus líderes se opusieron a Marruecos. Imagino a muchos de sus correligionarios socialistas simulando que entienden. Que lo han comprendido. Algunos incluso tratan de convencer a la parroquia de la naturalidad de esa evolución.
Si se lo contara a Doina seguro que me daría la razón. Tampoco entiende la compra de gas a Rusia, las estratagemas de Putin o los cambios de humor y opinión de Sánchez. En la peluquería, ella pone mechas y corta el pelo. Aprendió el oficio en Rumanía y ejerce en Pamplona. Peina a una clienta mientras relata que su pueblo natal está a pocos kilómetros de Moldavia y que por ahí entran a diario decenas de huidos de la guerra. Doina habla de Putin, de Zelenski, de tintes y colores, del horario de la villavesa y de niños, de una pareja de amigos a quienes ha invitado a cenar el sábado en su casa de Mutilva, de sus padres que le llaman desde Rumanía preocupados por el desarrollo de la invasión en Ucrania y de que al salir de la ‘pelu’ tiene que pasar por el supermercado. Todo eso lo lleva Doina mezclado en la cabeza y en el corazón mientras combina fluidos de colores y los bate con una brochita. Entre tijera y cepillo casi suspira: “Parece mentira que mi preocupación sea ir al supermercado a comprar lomo y fruta mientras cerca de mi pueblo hay gente matándose. No lo entiendo”, dice. “Ellos sufriendo la guerra y yo, aquí, entre champús y recados. Como si nada grave ocurriera”. A mí, que espero mi turno me ocurre como a ella. Trato de explicármelo pero cuando uno esos trocitos de realidad tampoco lo entiendo. Es la extrañeza frente al mundo. Pero simulo que sí y sonrío. Como si nada.