Historias familiares
Parir bajo las bombas
¿Pero qué día de la mujer ni qué niño muerto? Yo, desde luego, este año no tengo nada que celebrar el martes 8 de marzo


Actualizado el 06/03/2022 a las 15:01
¿Pero qué día de la mujer ni qué niño muerto? Yo, desde luego, este año no tengo nada que celebrar el martes 8 de marzo. Ni empoderamientos ni gaitas en vinagres. ¿Qué vamos a conmemorar cuando miles de mujeres tienen que abandonar sus casas, sus familias, su país... ? Y eso en el mejor de los casos. Porque en el peor, mueren bajo las bombas o los misiles rusos en cualquier ciudad de Ucrania. O en una situación mucho más cotidiana pero igual de heroica: dando a luz a sus bebés en los andenes de las estaciones de metro de Kiev o en lúgubres sótanos abandonados. Sin ginecólogos ni matronas. Ni, por supuesto, agua corriente o las mínimas medidas de higiene. ¿Y niños muertos? Pues también hay unos cuantos, sí. En el momento en que escribo estas líneas, la cifra de menores asesinados ya suma trece, según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH). Pero, por desgracia, seguirá escalando. Quizá sirva para poco (o para nada) pero hoy denuncio la situación de las mujeres ucranianas. Por lo menos para que se conozca y se hable de ellas. Féminas que viven una realidad que nos parece sacada de imágenes pretéritas en blanco y negro. De otras guerras. Y no de ayer, antes de ayer o de las fotos que pululan por las redes sociales. Porque la vida se sigue abriendo paso. Aún en el peor de los escenarios posibles. Y ya son más de ochenta los bebés que han nacido en Ucrania en la última semana. Son los hijos de la guerra. Son la vida que burla a la muerte.
No puedo dejar de observar una imagen con una joven morena de melena larga que calma a su bebé recién nacido. Una chica que intuyo pasará por poco los 20 años y mece a su hijo junto a esas paredes desconchadas y al lado de otras parejas. Y eso que ella aún ha tenido suerte. Porque ha dado a luz en una maternidad, con personal sanitario y hasta con cunas. Aunque hayan extendido colchonetas para las parturientas en el suelo del sótano y sellado las ventanas con rudimentarias bolsas de basura y cinta aislante.
Como la semana pasada, la realidad de la guerra en Europa (recordemos, a dos horas de avión de la paz de nuestros hogares) me hace rebobinar y pensar en otras contiendas recientes. De las que hemos leído tantas novelas, reportajes y visto tanta películas que nos parece haberlas conocido desde dentro. El paso del tiempo esfuma los contornos y el color de los recuerdos pero seguimos acumulando imágenes en blanco y negro. Como en otra imagen con mujeres embarazadas y recién paridas posan con sus bebés en las escaleras de un edificio que aún permanece en pie: la Maternidad de Elna, al sur de Francia y tan solo 43 kilómetros de la frontera con Gerona. Una historia apasionante de esas que merecen ser recordadas y contadas. Para ver si aprendemos algo. Allá voy.
Elizabeht Eidenbenz era una enfermera y maestra suiza que, en 1939 y con 26 años, creó una maternidad en un palacete abandonado en esta localidad del sur de Francia. Hasta allí llegaban las refugiadas españolas que habían huido del país tras la Guerra Civil y que gracias a su ayuda no morían dando a luz en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. Tres años después, las autoridades de Vichy decidieron cerrar el centro, pero Elizabeht y dos españolas que habían parido allí (Victoria y Carmen) lo reabrieron para atender entonces a judías que escapaban del nazismo. En total, fueron más de 600 los bebés de madres españolas, francesas, alemanas... que nacieron allí entre 1939 y 1944 (cuando la Gestapo ordenó su cierre). Una historia llevada al cine, en una producción de RTVE y con el título ‘La luz de Elna’.
¿Lo mismo ocurrirá con las mujeres ucranianas? ¿Pasarán a la posteridad por dar a luz en el metro? Ojalá que no. Ojalá que este sea el último artículo sobre la guerra y no se me sigan escapando las palabras de los dedos como potros desbocados. Ojalá que no pasen a los libros de historia (o páginas de Wikipedia) más mujeres valientes como Elizabeht Eidenbenz porque no haya necesidad de gestas heroicas. Ojalá que el momento del parto, tan importante para la vida de madres e hijos, pueda seguir siendo feliz (o al menos lo más feliz posible) respetando siempre los derechos humanos. Y ojalá que tengamos motivos para seguir celebrando el día de la mujer.