"¿No a la guerra?"

Publicado el 06/03/2022 a las 06:00
Decir “No a la guerra” es tanto como gritar “Viva la vida alegre y divertida”, nadie en sus cabales firmaría un manifiesto en contra de la paz, ni gritaría el “Viva la muerte” de Millán Astray, aquel general de la Legión que iba perdiendo partes del cuerpo por los campos de batalla. Los infrarrojos, como los llamaba Umbral, no tardaron ni dos días en planchar las camisetas del “No a la guerra” y plantarse en la Puerta del Sol para manifestarse en contra de la OTAN. Mientras, los ucranianos empezaban a contar niños muertos. El discurso de IU, Podemos o Bildu me recuerda a las pegatinas de los años setenta, cuando la extrema izquierda, y no tan extrema, clamaba contra el imperialismo yanqui pero no se acordaba del Pacto de Varsovia ni de la dictadura soviética. Años antes, en París, buscaron la playa y gritaron “¡Paz!” con todas sus fuerzas cuando los tanques soviéticos entraron en Praga. Ya sabemos que aquella primavera terminó bajo las orugas. Su postura frente a Ucrania es idéntica: una retórica que huele a berza, a tabaco negro y pana sobada. Ya preparan su arsenal de tópicos: “Diálogo, diálogo y más diálogo”, sabedores de que los votantes de un país lisérgico y paranormal como es España, detestan coger las armas pero eligen al Ejército como institución más valorada: que se mueran otros. Sánchez anunció el miércoles (de ceniza) que España enviará material ofensivo a la resistencia ucraniana. Está bien cambar de opinión: de la supresión del Ministerio de Defensa al apoyo militar a Ucrania. Una medida que Bildu, amante de las hazañas bélicas, debería aplaudir con denuedo. El juego de Bildu, IU, Podemos et alii, no es la paz o la guerra, sino apoyar pasiva o activamente todas aquellas fuerzas, desde el islamismo al imperialismo ruso, que amenacen la estabilidad de las democracias liberales. Ah, las lágrimas que derramaron cuando cayó el muro de Berlín. El día más trágico, según Pablo Iglesias. Son las fuerzas políticas más nostálgicas, junto a la extrema derecha, de un pasado dictatorial y represivo.