"Los Sanfermines vuelven por donde se quedaron, y con un moderado entusiasmo"

Publicado el 05/03/2022 a las 06:00
Si alguien pensó que el cierre por pandemia marcaría un antes y un después en las fiestas de San Fermín, se equivocó totalmente. En plena travesía del desierto, el sonajero del antes y el después servía de analgésico, nada más. Porque la suspensión de las fiestas era algo impensable, un chupinazo al revés en la cadena de todos los julios celebrados año tras año, y si se hunde el mundo que se hunda, que por cierto ahora mismo no pinta nada bien.
Pero no. Definitivamente, no habrá un antes y un después. Los Sanfermines vuelven por donde se fueron, tal cual, repitiendo los usos y costumbres con esa avasalladora fuerza de repetición que tanto nos gusta a todos. También a los animosos cerebros creativos que exploran nuevos caminos sin perder, por si acaso, la hoja de ruta tradicional, cuatro metros arriba o abajo en la andanada del encierro o en la acera de la procesión. Que siga todo igual en el fondo para que, en el fondo, todo siga igual. Esa es la cuestión
Y aquí están alcalde y concejales dándole vueltas al chupinazo -la persona, la fórmula, las mesas de estudio- como es propio de estas fechas. Luego vendrá lo del cartel, que también da que hablar y discutir antes del programa, otro punto de encuentro y desencuentro, marca registrada. Porque eso de que, en esta ciudad, cantas “San Fermín, San Fermín” y ya está la mara de acuerdo, es otro cuento más de la calle. Y afortunadamente, que el imperialismo de la fiesta no debe llegar a tapar bocas. El alcalde Enrique Maya abrió la suya y sirvió el debate de este año ofreciendo la mecha del cohete a Juan Carlos Unzué, una persona que representa lo mejor de la condición humana y levanta oleadas de admiración con su ejemplo vital. Lo de Maya ha venido a ser una curiosa alcaldada que, además de estar dentro de las competencias del cargo, acaparó el consenso respecto a la persona propuesta, sin perjuicio de que la oposición de Bildu, PSN y Geroa Bai denunciara el arranque personal del señor alcalde, que lo es, desde luego, por la gracia de las urnas aunque le traten a veces como si fuera un okupa del cargo.
Volvemos al lugar donde dejamos la fiesta en 2020, cuando entrábamos en una pandemia de la que ahora salimos. Marzo tiene los mismos días, 31,y 9 serán, del 6 al 14, los días sanfermineros. La vida tira para adelante, por encima también de estas dos suspensiones declaradas por prescripción facultativa. El encierro le hará a uno sentirse vivo, como decía aquel corredor de los tiempos de los divinos, pero nadie acudió a Urgencias estos años por un ataque de nostalgia de Estafeta. Y otro tanto podrían repetir los divinos, entre comillas, de la procesión; los del vagón de cola de La Pamplonesa, los mañueteros de Paulina o los que abren el programa por la puerta grande del par de huevos fritos con jamón, y saca dos más, Fermín, que son menos diez y la fiesta va a empezar. Salvo para recalcitrantes anónimos, julio sin fiestas no fue como la aldea perdida de La vida pequeña, en la que ibas a parar al fin del mundo al doblar la última esquina de la calle.
Después de los dos años de parón -...y el mundo siguió andando-, se diría que la fiesta regresa con un moderado entusiasmo o acaso con una leve indiferencia. No es el después del antes. Es que el horno no está para cohetes de bienvenida, con la pandemia todavía mortal y la mortandad de la guerra en primera plana.