"Moriremos las dos. Tú, de un disparo y yo de tristeza"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 01/03/2022 a las 06:00

Hace años que no hablaba con María. Aún trabaja en el servicio doméstico en Madrid. Esta es una ciudad adorable si tienes un buen sueldo como para tomarte dos cervezas sin tapa y alucinar en azules y blancos bajo un cielo de Velázquez y decir lo del rompeolas de todas las Españas a la salida de una discoteca. Si te levantas al sur de la ciudad a las cinco de la mañana y te dejas la vida en dos horas de metro a la ida y otros dos a la vuelta con cuatro transbordos para ir a limpiar a una casa en La Moraleja, Madrid es otra cosa. María vive en esos vagones del sueño donde viaja la gente sin nombre y mantiene el tipo, sonríe, habla a todos de usted y pasa la vida sin meterse en líos, sin hacer ruido, haciéndose pequeña hasta desaparecer dando las gracias y avisando cada vez que se presenta en una habitación: “Permiso”. El sábado, reunió el dinero y entró en una farmacia para comprar cajas de gasas, de yodo, vendas y pañales de adulto para los heridos de Ternopil, el pueblo donde vive su familia, una de las primeras zonas atacadas por el ejército ruso en la invasión de Ucrania. Porque María es ucraniana, pero en Madrid le decían rusa. Ahora ya no. Acudió a la manifestación del domingo en Colón cubierta con una bandera azul y amarilla sobre los hombros, se hizo una foto y la colgó en su perfil de la cuenta de whatsapp a la que envío vídeos donde aparecen mis hijas “tan mayores”. En casa, las cosas no están bien. Antes de morir, su padre había construido un sótano con hormigón y metal porque sabía que algún día pasaría esto. Cada dos horas, suenan las sirenas y se refugian allí abajo. Su hermano -camionero- se ha unido a las milicias para luchar contra la invasión. La abuela no sabe nada. La hija de María de 18 años no ha querido volver a España. Se quedó cuidando de Oleg, su sobrino de ocho años cuyo padre ha salido hacia el frente. El domingo, María recibió una llamada suya en la que le dio la noticia de que se alistaba voluntaria para defender a su país. “Moriremos las dos -le dijo su madre-. Tú, de un disparo y yo de tristeza”.

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