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Historias familiares

Alma, corazón y vida

Ampliar Nayra García Lara nació el 18 de enero de 2016 con una cardiopatía congénita y murió el 7 de septiembre de ese mismo año, a punto de cumplir ocho meses. Su madre, Desirée Lara, impulsó la asociación ‘Pequeña guerrera’. De apoyo a familias de niños con cardiopatías, organizó el lunes la primera jornada en Navarra sobre estas patologías. Nayra es un nombre canario que significa ‘guerrera’ en guanche
Nayra García Lara nació el 18 de enero de 2016 con una cardiopatía congénita y murió el 7 de septiembre de ese mismo año, a punto de cumplir ocho meses. Su madre, Desirée Lara, impulsó la asociación ‘Pequeña guerrera’. De apoyo a familias de niños con cardiopatías, organizó el lunes la primera jornada en Navarra sobre estas patologías. Nayra es un nombre canario que significa ‘guerrera’ en guanchedn
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 20/02/2022 a las 06:00
Sigo escuchando a Los Panchos en la voz de mis abuelas. Y la banda sonora de esta semana no puede ser otra que el bolero de ‘Alma, corazón y vida’. La que tuvo la pequeña Nayra, a la que no dejo de observar cómo sonríe en la foto que acompaña estas líneas. Una vida breve pero tremendamente fructífera porque su corazón, aunque muy enfermo desde antes de nacer, sigue latiendo con fuerza. Nayra nació el 18 de enero de 2016 en el Hospital de Cruces (Bilbao) y murió el 7 de septiembre de ese mismo año. A punto de cumplir los ocho meses y en la ambulancia que la trasladaba al Hospital Universitario de Navarra. Al poco tiempo, en un gesto que no sabría cómo definir, porque los adjetivos ‘altruista’, ‘solidario’ o ‘generoso’ se quedan más que cortos, su madre fundó la asociación ‘Pequeña guerrera’ para ayudar a familias con niños cardiópatas. “No había nada aquí y me pareció importante crear un lugar para que la gente se sintiera acompañada. Un poco menos sola”, me confesó y me dejó sin palabras. El corazón de Nayra ha seguido bombeando sangre de solidaridad y amor. El pasado lunes, gracias a su empuje, esta entidad organizó la ‘I Jornada de Cardiopatías en Navarra’. Un acto que tuve la inmensa suerte de conducir. Y que, como aseguré ante el público esa tarde de lluvia, nos hizo salir de allí distintos a como entramos. Gracias a todos los ponentes, grandes profesionales de la salud, a los pacientes y sus familias, que quisieron compartir desinteresadamente su ciencia o testimonio. Encuentros como el del lunes 14 de febrero, día de San Valentín y de las cardiopatías, nos reconcilian con la vida. Y por qué no, engrandecen el alma y el corazón.
No puedo ni siquiera imaginar, rozar o acercarme el dolor de Desi o al de cualquier padre que sobrevive a un hijo. Supongo que será una tenaza que te aprisiona el estómago día y noche. Una angustia que se pega al alma y que la recubre como un velo de niebla. Un pasado muy presente que nos observa desde el asiento del copiloto y nos acompaña en los viajes del resto de nuestra vida. Dicho esto, siento no haber conocido a Nayra pero me alegro tanto de que existiera... Sin ella, Jaione, Ruth o Ana, las madres de Íñigo, Leo o Eloy, seguramente no se habrían sentido arropadas para contar, con los nervios en el cuerpo y los ojos líquidos, las odiseas que vivieron desde que descubrieron que sus bebés tenían una enfermedad del corazón incompatible con la vida. Que se resolvieron con trasplantes, en los casos de Íñigo y Eloy, y varias operaciones, una de ellas en Boston, en el de Leo. ¡Gracias, valientes, por volver a revivir y remover esos momentos!
Gracias también al expelotari Juan Martínez de Irujo, que se calaba la txapela manomanista un campeonato sí y otro también. Y al que una cardiopatía diagnosticada en una revisión rutinaria a los 35 años lo alejó de los frontones y le impidió volver a vestirse de blanco. Me confesó que estaba nervioso. Que nunca antes había hablado de su enfermedad en público. Yo le animé diciendo que sería muy fácil y que solo tendría que responder a mis preguntas. Pero reconozco que yo también estaba nerviosa porque la emoción cortaba el aire de ese salón de actos. Como si alguien tuviera un cuchillo de cocina entre las manos. Genial la intervención de Elizabeht Francés, una mujer de Cintruénigo, cardiópata desde el nacimiento, y que ahora “ha engañado” a su marido para apuntarse a clases de sevillanas y flamenco. “Yo formo parte de ese 80% de niños con enfermedades del corazón que llegan a la edad adulta. Si con lo que he contado he podido tranquilizar a algunos padres, me doy por satisfecha”, aseguró. Y les ofreció un consejo: ‘Nos les sobreprotejáis demasiado”.
Magistrales también fueron los datos y la actualidad médica que compartieron los facultativos Juan Miguel Gil Jaurena (cirujano cardiaco infantil del Gregorio Marañón) y profesionales que ejercen en Navarra, como Ana Modroño (ginecóloga experta en diagnóstico prenatal), Patricia Martínez Olorón (cardióloga infantil), las cardiólogas clínicas Mayte Basurte y Nahikari Salteráin, Gema Lacuey (cardiopatías congénitas de adultos) y Román Lezáun (cardiólogo y exdirector del Área Clínica del Corazón de Navarra). A todos, y a las decenas de familias de la asociación, nos reunió el lunes pasado la pequeña Nayra. “Alma para conquistarte / corazón para tenerte / y vida para vivirla junto a ti”.
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