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Marvel, Rosalía y Garzón. In that order

Avatar del Javier IborraJavier Iborra26/01/2022
Ya lo dijo Pablo Iglesias, antes de jubilarse de la política: “En los tiempos de las redes sociales, hay que aprender a convivir con la crítica”. Se quedó corto. En esta época, la crítica es buena, deseable y hasta una estrategia de marketing a todos los niveles, incluso, ya, en el político. Quizá con Marvel empezó todo, con las películas de superhéroes. Cada estreno ha derivado invariablemente en una catarata de quejas, lamentos e imprecaciones de los fans en redes sociales. En ocasiones, la queja resultaba tan prematura, tan rauda, tan unánime, que resultaba difícil de creer que fuera espontánea. Más aún, daba justo la impresión contraria: transmitía toda la sensación de ser el resultado de un plan ejecutado por los propios creadores para dar notoriedad a su producto. La deriva posterior confirmaba las sospechas: a la ola de críticas respondía un maremoto, mayor todavía, de críticos de los críticos. De repente, brotaban como setas los escuderos de la película, que la defendían por el simple hecho de haber sido ofendida y no por su calidad como producto. Los bandos estaban creados; las redes, copadas por el debate. Los que caían medio despistados por allí, por las redes, no podían evitar sentirse interpelados por los argumentos esgrimidos, o quizá simplemente querían participar en el debate o les picaba la curiosidad, y acaban viéndose obligados a acudir al origen del debate, la película, aunque solo fuera para hablar con un mínimo de conocimiento de causa. Y ya tenemos ganador: los productores del film, por malo que fuera.
Rosalía siempre ha bordeado estos derroteros. Apoyarla es posicionarse frente a una generación o varias, que no entienden su arte. Pero en su proceso de promoción había un fondo de verdad, de hondura, todos sabíamos de qué iba el juego. Hasta ahora. El avance de veinte segundos de su canción ‘Hentai’ tiene todo el aroma de este marketing de nuevo cuño que se lanza a por las críticas como un cerdo a su charca. Y tan rápido como llegaron estas, han venido los contraataques, las comparaciones con The Beatles, “obladí, obladá”, y todo la gama cromática de argumentos, excepto el de la calidad musical del producto, claro. ¿Quién ha podido resistirse a leer esas estrofas de marras? Quizá muchos desearán olvidarlas, pero su visita ha quedado ya registrada, contabilizada y, desde luego, monetizada.
Bien es sabido que la excúpula de Podemos, el matrimonio Iglesias-Montero, tiene afición por las series, de modo que quizá, por analogía, profesen también devoción por el cine de Marvel. Y puede no ser aventurar demasiado suponer que, observando los métodos de promoción de estos productos, alguien en el partido morado ha tomado buena nota de por dónde soplan los vientos del marketing. Eso explicaría, desde un punto de vista diametralmente opuesto al que se le ha concedido hasta ahora, el “affaire Garzón”.
Alberto Garzón, recordemos, atendió al repentino interés de un medio extranjero, inglés para más señas, por entrevistarle. Y él, que contará con una bien nutrida y bien pagada nómina de asesores, dijo allí, como en un desliz, que la carne española es de mala calidad. El tema es, cuando menos, rocambolesco. Desde luego, primero llegaron las críticas desde todos los sectores afectados, luego de los políticos rivales y finalmente hasta de los propios colegas de Garzón en el Consejo de Ministros. Pero lejos de ser un error, el campo, al estilo Marvel, quedaba así abonado. Y entonces, en el momento indicado, el sotacómitre de la galera de Podemos sopló el silbato y los acólitos de las redes sociales se pusieron a bogar a todo trapo: respondieron con críticas a las críticas y elevaron el ruido del debate hasta copar la agenda política. Y lo hicieron, además, desviando el foco de la pertinencia o no de la actuación de Garzón para centrarlo en algo que, desde luego, estaba fuera del primer plano político: las macrogranjas.
El lector inglés del The Guardian, faltaría más, no se habrá enterado de este giro de los acontecimientos. Para él, España le exporta carne de mala calidad, que es lo que dijo Garzón, blanco sobre negro, por más que los defensores del ministro nos digan de que debemos “inferir el subtexto” (y no puedo evitar imaginarlos con la voz y el rostro de José Luis López Vázquez diciendo esto de “¡el subtexto, el subteeeexto!”). Pero, en definitiva, el público inglés no era el objetivo. Y aunque el mal en cuanto a la imagen exterior esté hecho, da la sensación de que los militantes de Podemos están dispuestos a perdonarle todo a Garzón por el simple hecho de que es de lo suyos. Como a Rosalía sus fans. Y que se aguante el que no lo entienda. Mientras, en clave nacional, algunas encuestas dan por revivido a Podemos en Castilla y León, a un mes vista de las elecciones regionales, después de copar titulares de prensa, minutos de “prime time” en los informativos… El desliz, para Garzón, está monetizado. Y así nos va. Trá, trá.
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