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¿Quién aplaude ahora a los sanitarios?

El personal de un centro de salud ha tenido que pegar mensajes por las paredes avisando de que no va a atender a quienes falten al respeto

Avatar del Marcos SánchezMarcos Sánchez23/01/2022
El personal de un centro de salud cuya ubicación es indiferente ha tenido que pegar mensajes por las paredes avisando de que no va a atender a quienes falten al respeto. Parece que hay pacientes impacientes y derivan hacia la impertinencia, la mala educación e incluso, en la peor de las versiones, el insulto al sanitario o el administrativo. Concedamos que la pandemia, por decirlo de manera publicable, nos ha agriado el carácter a casi todos. Pero de ahí a pagarlo con el de enfrente debería constituir una distancia inabarcable que algunos, sin embargo, salvan de un pequeño paso.
Pasa lo mismo, pero al revés, con los días en los que aplaudíamos a los sanitarios: sucedieron hace relativamente poco, no se han cumplido todavía dos años, y de tan atrás que ha quedado su eco da la sensación de que batíamos las palmas en el Pleistoceno. Ahí estábamos, aireando pijama y pantuflas, cada día a las ocho de la tarde. En ventanas, balcones o terrazas. La cita emergía obligatoria entre las horas confinadas y eternas de clases escolares online, trabajo online, gimnasia online, poteo online. El aplauso era la oportunidad de respirar aire exterior y, más: una terapia. Necesitábamos alguien en el que creer porque habíamos dejado de creer en nosotros mismos, inseguros respecto a un virus del que por entonces no se conocía demasiado pero que anecdótico no pintaba, pues azotaba a muertes y había obligado a nuestro encierro en casa. Ante tal vulnerabilidad, los sanitarios eran nuestra esperanza. Los diques de contención. Los combatientes ahí fuera, en primera línea y con equipos de protección a cuentagotas. En sus manos estábamos y para ellos eran los aplausos de las nuestras.
Aquello fue bonito mientras duró. Ahora podemos salir a la calle a retomar nuestra vida normal aún con anormalidad mientras los sanitarios, por su parte, se están echando a esa misma calle para sacar lo que llevan dentro. No aguantan más. Desde todos los perfiles y ámbitos. Médicos, enfermeras, auxiliares, administrativos, centros de salud, hospitales, urgencias... Deterioro, colapso, agotamiento, nula previsión de la consejería de Salud, altísimo volumen de contagio, supresión de vacaciones, trabajo al límite, apaleados e invisibles suman únicamente una parte chiquita de sus descripciones. “Necesitamos que la pandemia se retire para recuperar nuestro sistema sanitario”, ha concluido la presidenta María Chivite, quién sabe si lo de retirar va por prejubilarse. ‘¿En qué estáis pensando? Ah sí, en cambiar el nombre de Complejo Hospitalario de Navarra a Hospital Universitario de Navarra, muy importante en este momento’, escribía hace poco una enfermera en este periódico. Era el inicio de su carta. El final, una bomba en Hiroshima: ‘Nos estáis matando’.
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