"Djokovic y otras hipocresías"

Publicado el 21/01/2022 a las 06:00
No entro si Djokovic se ha encapsulado en faltar a la verdad o si el Gobierno australiano le respondió con un revés en la mismísima línea de fondo. Me interesa el debate social y la imagen contradictoria que estos días proyecta el deporte, incluyendo el apoyo del fútbol español al gobierno saudí, campeón en la discriminación de la mujer, celebrando la Supercopa de España en Riad. Curiosamente algunos argumentos de las autoridades australianas contra Djokovic han coincidido con valores deportivos tales como el convencimiento de que nadie es más que nadie y que todos deben competir en igualdad de condiciones sin poner en riesgo a terceros. Hablamos de juego limpio, de convivencia y respeto a la norma y al oponente. Se castiga al ventajista.
¿En cuanto a las insistentes apelaciones a la libertad personal en el culebrón Djokovic? El ejercicio deportivo, que también resulta liberador, concede a sus practicantes desde la libertad creativa en el juego hasta, incluso, la de morir como estos días en la nieve del Pirineo o en la París-Dakar, pero penaliza la libertad del deportista si pone en peligro la salud de los demás. Lo digo tanto por el uso de la violencia como por la decisión de un deportista de no vacunarse. En el fondo de la polémica es como si quisiésemos dejar a criterio de la gente corriente, de los que no somos científicos, el rumbo que ha de tomar el virus cuando, paradójicamente, son los especialistas y expertos los que gestionan las UCI que salvan a los negacionistas.
Desde otro punto de vista, se observa que el número uno de los antivacunas y sus seguidores han actuado como esos políticos de instinto que intuyen que lo que funciona para alcanzar el poder es crear grupos enfrentados. Recurren a la estrategia del reduccionismo, la reducción de algo tan complejo como la ciencia a un blanco o negro. Nosotros, los buenos, y los otros, los partidarios de la vacuna, “vendidos” a las multinacionales farmacéuticas. Y, como en la cancha política, si la narración de un hecho no refuerza tu creencia se rechaza inmediatamente. Porque, en demasiadas ocasiones, debatir con un negacionista solo sirve para reforzar su posición. No hay fuerza científica que les haga cambiar de criterio. Los que le dicen al médico que no tiene ni idea, los de la verdad es mía y la ciencia está equivocada, no suelen aceptar ni los testimonios de los antivacunas al salir de la UCI pidiendo a la sociedad que se vacune. El ego del ser humano impide que reconozcamos que nos equivocamos.
Al final de todo, con la mitad de Occidente tratando de esquivar el raquetazo del virus, da la impresión que nos cuesta convivir hasta en la enfermedad. No hemos logrado todavía el ideal cooperativo entre diferentes que exige un equipo deportivo para ser más fuerte en la competición, en este caso contra la pandemia y lo que pueda llegar.
En cuanto al espaldarazo del fútbol español al régimen de Arabia, es cierto que el deporte casi nunca ha conseguido vacunarse ante la ambición política pese a que se considera como una traición a los valores del deporte la irrupción de la política en un terreno supuestamente neutral y de encuentro como es el deportivo. No obstante, como la FIFA con el Campeonato del mundo, el fútbol español también acepta ser comprado por 40 millones de euros hasta el 2029 avalando así la política de los campeones del mundo en machismo y persecución de homosexuales. Decía el presidente del fútbol español que la organización de la Supercopa contribuye a promover el cambio, como si los saudíes pagaran por que les cambien.