"Eugenio, médico y amigo"

Actualizado el 16/01/2022 a las 11:14
También yo tuve la suerte de conocer, incluso de tratar al doctor Eugenio Oria, tan cercano, tan amigo que enseguida empezamos a tutearnos y llamarnos por nuestros nombres. No puedo olvidar su calificación de grave el post operatorio del familiar a quien yo acompañaba, sin duda para que nos tomásemos muy en serio las instrucciones que iba a darnos, pero al mismo tiempo rodeándolo de esperanza que era lo que necesitábamos. Y lo curó, lo sacó adelante con alegría, haciendo ya desde entonces, que fuera un gusto el paso por su consulta, donde hasta llegamos a recomendarnos libros.
Moradores de pueblos aledaños, él como habitual residente, mi familia como veraneante, seguimos viéndonos. Él, tan integrado en el suyo que daba envidia ver su felicidad, y ganas de colaborar en todo, tan vecino de sus vecinos que incluso un día metió en su coche a uno de ellos y lo llevó a contemplar el mar, ya que le parecía una lástima que a su avanzada edad aquel hombre nunca lo hubiera visto.
¿Era tan humano, tan agradable con nosotros porque le caíamos bien? No. Eran todos sus pacientes los que le caían bien, ya que estando en su consulta pudimos ser testigos de muchas llamadas telefónicas, y a todos trataba con idéntico afecto. Él era así, dispuesto a dar su teléfono privado a cualquier paciente, sin miedo a ser molestado a todas horas. Por eso nada extraña que su muerte haya dejado esa mezcla de tristeza y agradecimiento que se palpaba en el cementerio entre todos los que ramillete de flores en la mano, acudimos a despedirle, conscientes de que el hueco que ha dejado será difícil de llenar. ¿Qué podíamos hacer los que tanto le debemos para hacer su ausencia llevadera a Vicki y a sus hijos, que se han quedado sin un esposo y un padre que era sabio, que era bueno?
Eugenio, médico y amigo: Gracias. Descansa en paz. ¿Cómo no vas a hacerlo si hoy has oído tan claramente decir: estaba triste y me animaste, enfermo y me curaste...?