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Otegi, lamento sin condena de ETA

Avatar del Editorial DNEditorial DN18/10/2021
El “paso” dado por Arnaldo Otegi es diminuto en relación con el que la sociedad española le exige a gritos desde hace décadas, ni más ni menos que un claro y rotundo rechazo al terrorismo (no “a la violencia de ETA” ) y una petición de perdón por las complicidades políticas de la izquierda abertzale en este terreno durante tanto tiempo. Otegi hoy, diez años después del final de ETA, sigue siendo incapaz de pedir perdón y asumir responsabilidades. Sus palabras podrán ser un avance, según lee el PSOE, pero en modo alguno significativo. “Lamentar” el “dolor de las víctimas de ETA” es una obviedad sin autocrítica. Unas palabras desprovistas de cualquier función de reparación del dolor causado. Su propio discurso estaba totalmente ausente de una conexión emocional con las víctimas, más allá de palabras neutras donde “condena” o “perdón” están totalmente proscritas. Siempre que han tenido la ocasión, han rehusado hacerlo. Por eso, las palabras del líder de la izquierda abertzale no han terminado de convencer en absoluto a las asociaciones de víctimas. Y es lógico que así sea. Ni todo el mal causado ha sido reparado judicialmente, los presos etarras siguen sin colaborar con la justicia, ni las condenas de cárcel pueden restañar el quebranto moral que siguen causando los ongi etorris a los etarras. Recibimientos y homenajes que se han dado este mismo verano, con un sufrimiento añadido para las víctimas, y que sólo el movimiento social fue capaz de evitar que fueran a más. Así se lo volvieron a recordar las asociaciones de víctimas a Arnaldo Otegi. Diez años después del principio del fin de ETA vuelven a sucederse versiones de lo ocurrido, tal como quedó claro en la exposición de Otegi, que presentan la paz como una concesión de la banda terrorista. Cuando la cruda realidad es que ETA desapareció porque no le quedó ningún resquicio para perpetuarse frente a una sociedad que la aborrecía, y porque el Estado de Derecho se impuso a la intolerancia extrema y violenta. Palabras y política al margen, la realidad es tozuda. La izquierda abertzale sigue teniendo pendiente condenar la barbarie terrorista que devastó este país durante décadas.
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