"Ante esta modalidad de medicina a distancia, una empieza a temblar"

Actualizado el 18/10/2021 a las 08:00
Hace más de noventa años, un matrimonio en espera de su primer hijo, organizó con ilusión el acontecimiento. El niño llegaría al mundo en el pueblo y la casa paterna. Además nacería en la misma habitación en que lo había hecho su padre. Este, por su parte, se puso en contacto con el médico del Valle que atendería a su esposa, y todos conformes aguardaron el día en que la mujer se trasladaría allí para ser madre. Y llegó el momento. Se avisó al médico que se presentó en la casa y fue llevado a la habitación de la parturienta. Señora, este es el primer parto que asisto, le dijo al entrar. Y ante los ojos temerosos de la futura madre, abrió y colocó sobre la cómoda un libro, con cuya ayuda esperaba sin duda llevar a buen fin la tarea.
Había que oír contar a la mujer años después los paseos del joven médico de la cama a la cómoda para las pertinentes consultas a su libro, sus dudas y vacilaciones. Felizmente se presentó de improviso la abuela materna de la criatura, y al informarle de que esta había nacido ya, pero el parto no se había concluido, se precipitó a la habitación y, más guiada por su experiencia como madre de numerosa prole que por sus conocimientos ginecológicos, concluyó con pericia y alivio del médico lo que él y su libro habían iniciado. Naturalmente este hecho resultaría hoy impensable, faltaría más, con la magnífica estructura sanitaria que tenemos, gracias a la cual niños y madres pasan el trance felizmente en cómodos hospitales. Pero, ¿ocurre igualmente en otros campos sanitarios? Los pacientes se quejan: dicen que ya no es lo que era, ya que resulta casi imposible ser recibidos por su médico. Con suerte se le concede una consulta telefónica tras explicar su caso a la persona con quien puede que llegue a hablar, también por teléfono, tras numerosos intentos. Y así, ante esta modalidad de medicina a distancia, una empieza a temblar pensando en una enfermedad seria que llevará al médico a su lado, y ve a este que con la mejor de sus sonrisas le dirá: señora, es usted la primera paciente en carne y hueso a la que atiendo.
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