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Neandertales en la nueva normalidad

Avatar del Jose MurugarrenJose Murugarren04/10/2021
La normalidad es una batalla ganada al pasado reciente. Es un regreso a marzo de 2020, una vuelta al día en el que la Covid decidió congelar el tiempo y nos obligó a hibernar durante año y medio. ¿Y si alguien despertara hoy? ¿Podría continuar con la vida que dejó aparcada el 18 de marzo de 2020? Si aquella normalidad fuera una pieza no cabría en el hueco del puzzle que hemos montado en este tiempo. En los comportamientos privados hemos metido metro y medio de distancia y mascarila. Y hemos cambiado abrazos por emoticonos o choque de codos y nudillos en los momentos especiales. Pero es en los comportamientos públicos donde las administraciones amenazan con consolidar una normalidad urdida durante la pandemia . Ahora que la presidenta Chivite anuncia el regreso al pasado lo hacemos a una normalidad modificada que ralentiza la recuperación de la atención directa en los centros de salud, que la deja en suspenso en muchos ambulatorios de los pueblos. Pero hay más. Las administraciones huyen de los administrados. Parecen haber integrado un ‘Vade Retro’ general, la expresión que utilizaban los latinos para rechazar lo que produce horror o tentación. Los mismos empleados que se acodan pidiendo uno con leche y pincho de tortilla en la barra de un bar; los mismos que arriman bailando una ranchera, están abonados a guardar distancia con los ciudadanos por indicación de quienes gestionan la cosa pública. Freno a la presencialidad y sustitución por sistemas telefónicos y telemáticos que llevan al contribuyente a formar colas virtuales en las que echar un buen rato marcando el uno, el dos, el tres o el nueve sin hallar solución ni un ser humano al final del camino. Frente a esta orfandad los gobernantes encuentran explicación en las grandes palabras. Estamos inmersos en un proceso de modernización, dicen. Vamos camino de la digitalización, lo que viene a ser exactamente eso: el ‘Vade Retro’, la expulsión del ciudadano de la proximidad. Quieren etiquetar y tachar, a quien no puede o no se aclara, de tipo antiguo que se resiste a esta revolución de contemporaneidad digital. Eso sí, los diseñadores del plan nos dirán que no temamos porque tanta telemática se hará mediante páginas webs y formularios muy intuitivos. Si usted pobre nativo no digital que es la manera en la que van a llamarle no se maneja con el ordenador y pide presencialidad le van a evitar. Es un Neandertal en la Navarra del siglo XXI. Apelarán incluso a su sentido de la compasión. Le dirán que padecen mucha carga de trabajo, como si para usted, sufrido contribuyente, no fuera un lastre insoportable nadar por este mar de algoritmos y páginas webs contra los plazos y sin ayuda. Esta gente no se da cuenta de que van a ponernos al borde de un ataque de nervios y que la sanidad no parece andar sobrada de profesionales para atender las ansiedades y angustias que ellos mismos pueden llegar a inducir. ¿Es normal, -de normalidad-, que cientos, miles de personas sean forzadas a esta normalidad tecnológica impuesta sencillamente porque la administración no ofrece servicios de presencia física? ¿Quién está imponiendo esta forma de normalidad, callada y progresiva, que crece contra el sentido común?
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