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“Cortés, Pizarro y los indios angelicales”

Varios políticos iberoamericanos se encargan obsesivamente de denunciar con tintes interesadamente negativos la llegada de los españoles a la actual América hispana

Avatar del Inocencio AriasInocencio Arias14/08/2021
El día de 13 de agosto de este año ha sido una fecha marcadamente histórica. Hace justamente 500 años que Cortés derrotó al imperio azteca. La efeméride ha pasado casi desapercibida porque nuestro gobierno es muy pudoroso con las conquistas españolas. Hay que convencerse de que una buena parte de nuestra izquierda se avergüenza de las conquistas españolas, sea la reconquista frente a los invasores musulmanes, sea la batalla de Lepanto en la que paramos a los turcos en el Mediterráneo, sean las hazañas, no exentas a veces de crueldad, de los conquistadores en América. Las Navas de Tolosa, Hernán Cortés, Don Juan de Austria ....no están de moda. No estoy hablando, en estos momentos, de celebrar sino de recordar.
Sin embargo, en nuestra época varios políticos iberoamericanos se encargan obsesivamente de denunciar con tintes interesada y estúpidamente negativos la llegada de los españoles a la actual América hispana. El mejicano López Obrador es insistente sobre el tema, pidiendo con frecuencia que España y nuestro Rey pidan disculpas por la atrocidades y conducta inhumana de los conquistadores, y el peruano Castillo, en su toma de posesión hace días, no fue excesivamente diplomático: delante de nuestro rey Felipe, que había sido invitado al acto con varios presidentes americanos, hizo referencias explícitas parecidas. No era evidentemente el momento, pero eso indica que va ser materia constante de sus discursos.
Ambos políticos son verdaderos demagogos pero, en honor a la verdad, creo que no sólo desarrollan el asunto por razones populistas y como cortina de humo para desviar la atención de sus abundantes problemas internos. Eso influye, pero hay más. Han mamado una gran sandez descrita en libros de texto iberoamericanos prácticamente desde la independencia: los españoles, codiciosos, bárbaros, sedientos por el oro, destruyeron a unas civilizaciones pacíficas que vivían armoniosamente en un edén envidiable. Todo esto es mentira. Una invención interesada e infantil que no debemos aceptar. Me explico.
Cortes, por ejemplo, ha sido descrito en los manuales mejicanos como un desalmado. Admitamos que en una conquista se actúa con dureza y nuestro héroe la aplicó en más de una ocasión. Recordemos, sin embargo, algo que el inefable presidente mejicano olvida: El español no luchaba contra angelitos sino contra una civilización cruel, totalitaria, que sometía salvajemente a otras tribus a las que arrancaba cada año miles de personas que eran sacrificadas, a menudo en ceremonias en las que las abrían en canal , les extraían el corazón y, luego, las devoraban. La película Apocalipto refleja una realidad de lo que había antes de nuestra llegada. Es decir, esos indígenas a los que Cortés derrotó no eran angelicales. Mataban regular y cruelmente a miles de personas y se las comían. Antropófagos, en definitiva. Los miembros del cuerpo más apreciados eran los muslos de niño. No era pues un edén pacífico y paradisíaco, en el que por cierto no se conocía la rueda.
Al político mejicano habría que preguntarle cómo explica que Cortés, con unos cuatrocientos hombres, fuera capaz de conquistar una nación, la azteca, que contaba con un ejército de más de cien mil soldados. La respuesta es obvia aunque el culto López Obrador la olvide: el español, gran estratega y excelente diplomático, pronto se percató de que todas las tribus sojuzgadas odiaban visceralmente a los aztecas y estaban dispuestas a aliarse con quien fuera que los sacara de esa situación. Decenas de miles de ellos pelearon con Cortés en la batalla anfibia del 13 de agosto. Cortes para ellos era un Libertador con el que estarían, como resultó, mucho mejor que con los beatíficos aztecas.
Al peruano Castillo puede decirse otro tanto. Los incas, los quechuas, habían sometido a tribus que los odiaban, también practicaban sacrificios humanos y también era un estado totalitario. Pizarro encontró a un reino con luchas internas, pero nunca hubiera podido someterlo sin la ayuda de los huancas, los chachapoyas, los huaylas que detestaban a los quechuas. Según algunas crónicas , Pizarro tomó Cuzco con 190 españoles y 30.000 indígenas.
Castillo, en su discurso, se recreó en otra falacia : el estado de postración , de desigualdad, de injusticia en que el ha encontrado el país procede del atraso y la estructura que creó España. Fantástico razonamiento. Si eso es así, ¿cómo es posible que habiendo transcurrido 200 años desde nuestra marcha, los sucesivos gobiernos peruanos, militares, de derechas, varios de izquierda no han encontrado la forma de remediar esto? Aunque Castillo sea profesor , ¿cabe mayor idiotez ? Estamos hablando de dos siglos.
Inocencio F. Arias. Diplomático.
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