"Tratan de convencernos de que con el adiós de Messi se hunde la liga"

Actualizado el 08/08/2021 a las 14:31
Discurría plácidamente este agosto olímpico por cauces estrictamente deportivos cuando cayó la bomba que nos devolvió al barrizal futbolero: Messi se va del Barça. Bueno, ¿y qué?, se dice el espectador ajeno a la cosmogonía balompédica y sus particulares reglas y medidas. El astro argentino migrará a otro club y desde allí seguirá siendo idolatrado como hasta ahora porque los dioses no tienen residencia terrena y gobiernan desde las alturas como cuerpos celestes con luz propia. El asunto tiene poco recorrido, como se dice ahora, salvo dentro de las fronteras provincianas del barcelonismo. Pero el empeño de un periodismo futbolero necesitado de chutes con los que saciar su adicción a las emociones fuertes le ha dado una dimensión dramática, de una sentimentalidad no exenta de sollozo patriótico. Poco importa que la ruptura se deba a una mezcla de avatar mercantil dentro de un sector tendente a la burbuja, quiebra financiera de un club cargado de deudas e hipotecas y derecho de un jugador a procurarse un plan de pensiones apañado ante el inminente ocaso de su carrera. Tratan de convencernos de que con el adiós de Messi se hunde la Liga, y con ella el deporte nacional, y con él lo que quiera poner la imaginación de cada uno. A mí solo se me ocurre un daño tal vez colateral pero no por ello menos inquietante. Me pregunto qué será de todas esas camisetas azulgranas repartidas por el planeta con el nombre de Messi, prendas que han vestido los anhelos de millones de niños desde los patios de colegio europeos hasta los campos de refugiados en África y desde las plazas de poblados asiáticos hasta las favelas brasileñas. Donde el negocio tentacular del fútbol moderno se ha sublimado con mayor eficiencia no es en los efectos narcóticos sobre sus aficiones ni en las derivaciones político-religiosas de sus fervores, sino en la rama textil. Con la salida de Messi del Barça se ha roto el vínculo sagrado del jugador con la prenda donde venía grabado su nombre y a la que rendía culto una infancia que ahora se sentirá desamparada. Eso sí que era más que una camiseta.