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Reencuentro con desconfianza

Puigdemont y Junqueras se reunieron en Waterloo cuatro años después en un clima de recelo mutuo. El secesionismo sigue sin moverse un ápice de sus ansias rupturistas

Avatar del Editorial DNEditorial DN08/07/2021
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, cesado de su cargo en aplicación del artículo 155 de la Constitución, recibió ayer a su exvicepresidente Oriol Junqueras en la Casa de la República sita en Waterloo. El reencuentro se produjo casi cuatro años después de que se vieran en el pleno del Parlamento de Cataluña que el 27 de octubre de 2017 declaró unilateralmente la independencia, y después de que Puigdemont rehusara toparse con Junqueras anteayer en Estrasburgo. Puigdemont ni siquiera salió a recibirle ayer. Aunque después posó para una fotografía de grupo en el que estaba el rapero Valtònyc, huido asimismo de la Justicia española, diluyendo la relevancia testimonial de los indultados de ERC. Es más que dudoso que un encuentro sujeto a semejante tensión sirviera más que para reequilibrar la balanza de las apariencias a favor de Junts como opción depositaria del legado de Puigdemont. La animadversión entre ambos líderes independentistas responde a una colisión que a día de hoy resulta paradójica. En octubre de 2017, Puigdemont estaba decidido a convocar elecciones para sortear el envite que suponía la declaración unilateral de independencia, pero Junqueras y Marta Rovira impusieron su criterio de arriesgarlo todo a la carta de la DUI. Al día siguiente Puigdemont huyó a Bélgica y Rovira haría lo propio hacia Suiza, mientras Junqueras penaba con la condena subsiguiente. Dos de las almas del independentismo catalán, ERC y Junts con sus colectivos adláteres se debaten entre aferrarse al liderazgo de Puigdemont y de Junqueras o prescindir de ellos para dar paso a otro tiempo. Solo que el secesionismo no está en condiciones de depurarse a sí mismo deliberadamente. Necesita de todos sus integrantes, y necesita proyectar sus diferencias internas como si totalizaran la pluralidad de Cataluña. Porque su interés común está en dibujar el futuro de los catalanes como la inexorable llegada de una república que solo los independentistas podrían administrar. El secesionismo sigue sin moverse un ápice de sus ansias rupturistas, y si a alguien cabe imputar la situación de anormalidad que vive Cataluña es al independentismo. Realidad que Sánchez deberá afrontar tarde o temprano.
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