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Opinión
Análisis

Por qué somos tan guarros

Opinión de José Murugarren

Actualizada 02/05/2021 a las 06:00

Hay un vecino que se agazapa al salir del portal en el momento de depositar fuera del contenedor la basura. Me lo comenta el cliente de una terraza a pocos metros de un bloque de contenedores. No es el único. Hay varias bolsas en el suelo. Muchos no entendemos la seducción de abandonarlas ahí a su suerte ni el atractivo de echarse a la espalda un sofá viejo, sacarlo a duras penas del ascensor y tirarlo a la calle en lugar de llamar a Traperos de Emaús para que lo recoja en la puerta del domicilio. Si no fuera tan real podrían parecer acciones que buscan un lugar en el ‘guiness’ de los comportamientos absurdos. En esta ciudad, en cada manzana, usted y yo, disponemos de un buen número de contenedores para soltar desde las mondas de la naranja, al envase de yogur o el vidrio solo pisando un pedal o metiendo una llave. Toda una oferta de recipientes enormes donde desprendernos de los residuos que generamos.

Los datos que son tozudos recuerdan que con la pandemia se ha disparado la cifra de basura depositada en el contenedor equivocado. Y lo que es más grave, la de los residuos que se quedan en el suelo a unos centímetros de la boca del container. Incomprensible. ¿Cómo entender que alguien cague fuera si tiene al lado el inodoro? Los expertos vaticinan que las razones van de la desidia, al miedo al contagio de coronavirus. No sé qué pensar. Hace unos años había gente convencida de que el SIDA podría trasmitirse estrechando la mano de un contagiado. Costó convencer a quienes esto sostenían de que vivían en una realidad falsa. Era seguramente un”fake news” extendido y converido en información mal gestionada. Como lo de los supuestos contagios de covid por tocar el contenedor. ¿No es más peligroso para el vecindario, más tóxico, que haya ‘reuniones’ de restos de carne, trozos de fruta en descomposición y retales de verdura a pocos metros de un contenedor? ¿No es eso un polo de atracción de moscas que no entienden de aforos restringidos? Despreocuparse de los restos que uno produce y arrojarlos a la calle para que se contagien los demás debería estar perseguido. No me refiero a los poderes públicos. Eso seguro, sino a la reprobación de los convecinos. ¿Qué clase de insolidaridad posibilita descuidar bolsas llenas de desperdicios junto al contenedor? Tiene riesgos sanitarios y un coste adicional. La Mancomunidad cifra semejante comportamiento en un millón de euros al año que repercute en la factura de la basura que arrimamos todos. Es un sinsentido que quienes lo ignoran pongan a los demás en peligro sanitario y nos obliguen a sufragar su indiferencia. Qué tal un…, “¡oiga señora, señor, meta la bolsa dentro!” al toparnos con el descuidado en la calle. O “¿quiere que le indique cuál es el contenedor correcto?”

Todavía no entiendo porqué alguien baja la bolsa de los desperdicios y la abandona con las sobras. ¿Creerá que con la incorporación de la tecnología y tanta apertura con pedal, llave o tarjeta..., su basura puede desplazarse de manera automática hasta la boca del contenedor? Es otra realidad mentirosa. Como la de quienes estaban persuadidos de que el SIDA se contraía por gestos tan simples como estrechar la mano de una persona infectada. Que no. Así no.

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