Prohibido comer jamón

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User Admin

Actualizado el 28/03/2021 a las 06:00

El último semáforo que propone la Unión Europea no regula pasos de cebra ni cruces peligrosos. Se llama “Nutriscore” y pone etiquetas saludables a los alimentos. Del cielo de la A al infierno de la E pasando por la B, la C y la D. Pinta con los colores del semáforo los productos sabiendo que el verde anima la compra y el rojo la espanta. Ya ha desatado pasiones. Sus defensores dicen que clarifica y los detractores que les hunde la venta del producto. Y que castiga a muchos buenos alimentos. Los dos tienen razón. Seguro. Ocurre que a quien le va bien aplaude y despotrica quien sale mal parado. Como en la vida. Pero el invento genera desconfianzas. Si usted recorre el supermercado dispuesto a dejarse seducir por las propuestas de esta ‘euroetiqueta’ comprará hamburguesas procesadas vegetales antes que un trocito de paleta ibérica de las dehesas extremeñas. La hamburguesa tiene una A, el sobresaliente del sistema. Y el jamón, una E, el suspenso más clamoroso. Choca que las lasañas congeladas luzcan disco verde y las sardinas en aceite o el jamón ibérico se queden en rojo. Si quiere un desayuno saludable bendecido por “Nutriscore”, los cereales azucarados blanden la A en el boletín de notas de la UE. Las imagino con el pecho henchido observando con superioridad a la rebanada de pan tostado regada con aceite de oliva virgen extra. La pobre hoy baja la mirada ruborizada por sus malas notas. Ha suspendido. Le han colocado una D que humilla años de prestigio mediterráneo. Ella, que se pensó reina del café con leche se ve con la misma calificación que una pizza industrial. ¿Y el queso curado? Sabíamos que tomarlo era un pecado, una transgresión en forma de cuña de Roncal o Idiazabal, de la que era complicado sustraerse y para la que rara vez había propósito de enmieda. ‘Nutriscore’ ha decidido castigarlo con mala nota. Pero en el camino a los infiernos el pasaporte directo lo otorga a la chistorra. A esa experiencia de sabor, combinación de carne, pimentón y navarridad, los expertos de la UE la hunden en la E, una especie de inconfesable ‘muy deficiente’. Le lanzan los peores augurios. Hay expertos que han puesto el grito en el cielo con el sistema de “Nutriscore”. La pésima nota del jamón y la chistorra son solo una punta de iceberg que asoma la nariz de los intereses de las empresas y los países. Y me viene a la mente la vacuna de Astrazeneca, que en Gran Bretaña y en buena parte del mundo se dispensa sin restricciones mientras por Europa cubre un camino de obstáculos. Se ha limitado su uso, hay quien pone en duda su eficacia y sus efectos secundarios se difunden hasta el mínimo detalle. ¿No será que es mucho más barata que la de Pfizer o la de Moderna y hay laboratorios que llevan mal esa competencia en el precio? ¿No será que fueron los primeros en saltar al mercado y otras farmacéuticas luchan por frenar esa ventaja de salida? En la guerra contra la covid y en la alimentación hay demasiados intereses y una imperiosa necesidad de convencer al resto de que nuestras razones valen más que las del competidor. La guerra la tienen ellos. Entre laboratorios. O entre multinacionales alimentarias. Persiguen colocar sus productos por encima de los otros. Y lo que es más determinante: con sus mensajes.

-¡Camarero, hoy media ración de ibérico y pincho de chistorra!

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