Hasta el límite de la paciencia
Opinión de José Murugarren

Actualizado el 14/03/2021 a las 23:25
Que aflojen un poco. Con cierre perimetral riguroso, bares a medias y toque de queda los contagios bajan. No hace falta ser ni epidemiólogo ni consejero para adivinarlo. Encerrar siempre fue solución fácil para reducir riesgos. Frena los accidentes de tráfico, las peleas callejeras y deja solo al virus. Protege todo menos la salud mental. Hasta el submarinista necesita tomar aire tras un tiempo nadando bajo el mar. Salir a respirar siquiera un rato. Llega el puente de San José y Navarra no relaja ninguna restricción. Ninguna. Los bares echarán la persiana a las nueve, las reuniones se constreñirán a cuatro personas y nadie podrá eludir el cierre perimetral. Nadie. Nadie. ¿Notan que repito alguna palabra? No son erratas. La reiteración involuntaria es síntoma de anomalía psicológica. Será que yo también me siento un poco buceador. Con ganas de libertad. Estamos cansados de hacer gimnasia en el cuarto de estar y en el balcón, de ver series de tarde a madrugada, de tomar un vino en el balcón y de reunirnos con los amigos por ‘zoom’, ‘team’ y demás ingenios tecnológicos. Del Gobierno esperábamos imaginación para gestionar pero son ‘segurolas’, gente ‘amarrategui’ que se aferra a pasar la llave y cerrar con candado. Nos exigen que entreguemos el derecho a la libertad individual y se lo quedan como si fuera suyo. Atenazan los derechos pero edulcoran el lenguaje. Los políticos, tan especialistas en afilar el verbo contra el adversario, ponen suavizante a sus palabras. Cautela, prudencia, escalonada, paciencia, contención..., son sus favoritas. Parecen psicólogos o curas. Pronto pedirán que nos miremos dentro, respiremos hondo y proyectemos paz. Sin salir de casa o recogiéndonos a las nueve. Ahora que solo pensar que pudieran relajarse un pelín las medidas nos ponía a temblar las piernas de emoción nos dan un portazo en las narices. Rotos quedamos, como un vaso de duralex. En mil pedazos. Hartazgo enorme, enorme, enorme. Ya ven. De nuevo la repetición de palabras que revela mi estado mental. Señores del gobierno, hoy me rindo. Me doy por derrotado, por vencido pero me quedo a gusto. Son ustedes gentes de pocos recursos políticos, entiéndame. Unos tristes previsibles. ¿Dónde está la imaginación para la que se reclamaba el poder en el 68?