Las razones de las mujeres

Actualizado el 07/03/2021 a las 22:33
Leo que en los consejos de administración de las grandes empresas ha aumentado el número de mujeres. Que ellas suman ya el 41% de las candidaturas a los Goya. Seguramente siendo importante no es lo principal. Leo que sufren más paro, más empleo temporal. Esa es la revolució urgente. Que son por tanto más pobres que los varones y que lo son porque ocupan mucho más tiempo en criar y cuidar a los hijos, a los enfermos, a los mayores. ¿No es éste el fundamento de las diferencias? ¿No son los verbos que ellas conjugan desde siempre? ¿Cuando se analiza la discriminación femenina no es ésta la causa de todas las brechas?
UGT desglosaba hace unos días hasta seis brechas que explicarían las razones de la desigualdad. Tasas de actividad más bajas, desempleo y temporalidad mayor, salarios en consecuencia reducidos y por tanto menor pensión. Mientras los varones trabajan para la jubilación futura, ellas invierten en el presente imprescindible. En casa y para los suyos dedican un tiempo al que los hombres no llegamos ni remotamente. Las mujeres crían y cuidan con el esfuerzo aprendido de la hormiga trabajdora. Son ellas las que se vuelcan en los hijos, las que atienden a los mayores y a los enfermos. Ocho millones de europeas entre 20 y 64 años siguen renunciando a trabajar para cuidar a familiares. Lo sostienen estudios recientes. Si comparamos, los varones perdemos por goleada. Solo hay un hombre dedicado a cuidar de los suyos por cada 17 mujeres. Habrá varones que se enfurruñen y sostengan que en casa a ellos toca criar y cuidar. Yo les presento mis respetos. Usted saca los colores a quienes utilizan verbos de segunda división como “ayudar” para defender su rol doméstico. Tipos que dicen “yo ayudo”, ”tú ayudas”, “él ayuda” sin reparar que al elegir verbo están admitiendo que su contrato en casa es de jornada reducida y con resultado probablemente precario.
Exactamente como la semana laboral de millones de mujeres comprometidas con la jornada completa para las tareas del hogar y libre disposición. Ellas escriben otra gramática. Conjugan el “yo crío”, “yo cuido” con una destreza asumida de madres a hijas durante generaciones que podría quebrarse de aquí a poco. Porque de eso va esta revolución feminista. De cambiar pautas en el origen, de explicar que el reparto de papeles nada tiene que ver con la biología y de reclamar el apoyo colectivo para que la igualdad salga adelante. Que las destrezas no son por el género, que son adquiridas y asumidas y que ya vale de tanto pachón o de quienes miran para otro lado. Que está bien que haya más mujeres en los consejos de administración y crezcan las aspirantes a obtener un Goya pero que lo que nos jugamos es una sociedad igualitaria, en la que ellas y ellos, nosotras y nosotros hagamos un reparto equitativo de todo. Desde abajo. Que esto va de conjugar argumentos y emociones, y que ya es hora de que entre todos lo arreglemos. Ellas hace tiempo que vienen exponiendo sus razones.