Vampiros de los datos

Actualizado el 28/02/2021 a las 06:00
Lo relevante son los datos. En la era de internet la batalla la ganan empresas como Google, Facebook, Instagram o WhatsApp. Los empresarios de éxito hoy no producen nada. Su gancho es atraparle por el interés. Es igual que usted lea esto y no lo entienda. Nadie lo comprende del todo. Antes, los poderosos eran terratenientes o dueños de industrias manufactureras. Ahora, son emprendedores que no fabrican coches ni aerogeneradores ni gestionan supermercados. Son empresarios de la atención. Ofrecen información presuntamente gratuita de la que muchas veces se apropian en medios como éste. La difunden y a cambio del acceso nos piden los datos. El DNI completo. Como en un control de policía. Las tecnológicas solicitan y nosotros proporcionamos identidad, gustos, costumbres… Aspiran a quedarse con nuestra personalidad. Quieren que entremos en Google, nos identifiquemos, elijamos en el navegador libros, películas, zapatos o cámaras fotográficas...Que dejemos huella de los lugares que visitamos, que valoremos esos rincones para quienes accedan después y que, antes de salir entreguemos nuestra relación de preferencias. A usted le raptan los datos. Y a los medios, los contenidos. Lo succionan todo. Saben que a través de esas cuentas, acumularán información sobre el mundo y nuestros hábitos y que eso vale más que los ingresos por publicidad. Podrán venderlos al mejor postor o esperar a que usted y yo vayamos dejando marcas de lo que bebemos, comemos o pensamos. En algún lugar quedarán grabados sus gustos cinematográficos, el periódico y los libros que compra o las vacaciones que prefiere. A base de sucesivas entradas van a tener una fotografía completa de quién es usted (y yo también). Una instantánea en la que si se descuida saldremos desnudos. Nada erotizante. Es una desnudez desvalida, como si pidiera socorro mientras en algún lugar se cocina un bocado enorme. Ellos se quedan con el contenido de los periódicos. Penetran en nuestros deseos. ¿De qué servirá de aquí a poco la publicidad si cuando usted quiera comprar un teléfono o un reloj el buscador ya sabe cuál es de su preferencia? ¿De qué servirá la defensa de la privacidad si la hemos entregado a las grandes tecnológicas? ¿Cómo se financiarán los medios si Google o Facebook replican los contenidos con un ‘copia y pega’ global y se llevan el pastel publicitario?
Habrá algún lector que piense que somo víctimas del sistema. Pobrecitos sometidos en un mundo sin alma, protagonistas de un argumento de película que termina mal. Nada más lejos. En lo colectivo esta semana este periódico recogía la exigencia de la Asociación de Prensa Regional Independiente (AIE) que reclama un cambio legal en la legislación para cobrar a las tecnológicas por difundir contenidos de los medios. En lo particular, tampoco sirve el victimismo. ¿No deberíamos ser más cautos en las decisiones que tomamos? Controlar a quién damos los datos. ¿No deberíamos exigir que nuestros movimientos en las redes no formen parte de un gigantesco almacén virtual de datos que ellos puedan vender? ¿No es una moderna forma de secuestro de la intimidad?
Es verdad que el mundo ha cambiado mucho y que las tecnológicas han propiciado esta revolución pero eso no les da derecho a imponer las normas.