"No hay pandemia más difícil que ser joven y vivir la covid en casa de los padres"

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User Admin

Actualizado el 14/02/2021 a las 23:25

No hay pandemia más difícil que ser joven y vivir la covid en casa de los padres. Salir, lo justo. Echar cuentas de los amigos que verás el fin de semana y descubrir que los números son una trampa en la que nunca cabe toda la cuadrilla. Tomar la última cerveza a la hora en la que antes disfrutabas de la primera. Regresar a las once, con ganas de ir a cualquier parte, menos a la burbuja familiar. Desayunar con la ración semanal del balance de infracciones. Leer la denuncia de que la policía ha intervenido botellones. Ha identificado a jóvenes incumplidores y notar que el vecino veterano del edificio te mira con recelo cuando sales al rellano del ascensor y le das los buenos días. Se han empeñado en difundir que los jóvenes ponen en peligro a los mayores. Que son unos irresponsables. Gente de mucha juerga, desentendida de los vulnerables. Con tanto recorte y mala prensa empiezas a temer que puedas volverte majara.

Hay especialistas que cuentan que las depresiones y la ansiedad se están desbocando. Incluso, los suicidios. La covid demoniza el encuentro y las reuniones. De la fiesta, ni hablamos. La socialización, la materia principal de la que está hecha la esencia de un veinteañero, es hoy motivo de multa. A la edad de escapar con la pandilla, la pandemia es una cárcel que reduce a mínimos las posibilidades de relación. Te retiene en la unidad de convivencia y ya dudas de tu equilibrio mental.

Recuerdo que a los 20 no me quedaba en casa ni a estudiar. Necesitaba planes para salir al monte, estudiar por los parques o las bibliotecas, ir de fiesta o arreglar el mundo con unas cervezas, que todo cabía cuando los bares cerraban tarde y los pisos de los amigos eran un campo de refugiados sin restricción de aforo hasta las tantas. Hoy, sin fiestas, ni graduaciones, ni quintos, ni cumpleaños, ni bajeras, ni carnavales, ni discotecas..., hay un sonsonete colectivo que les priva de la evasión y les echa la culpa de los contagios. Los inquisidores de la Covid quieren convertir ser joven en un estigma. Como si necesitaran encontrar un culpable con nombre y apellidos en quien hacer descansar la crisis sanitaria más grande del siglo.

El coronavirus no prioriza a los veinteañeros aunque haya condenado a algunos. Hace tiempo que eligió gente más talluda para llevarse a la UCI. Ellos son los vulnerables de la pandemia. Cuando un mayor se cuida se está protegiendo a sí mismo. Le corresponde hacerlo. Pero si lo hace un joven, sencillamente, está siendo solidario con los frágiles. Es un gesto de altruísmo. De solidaridad. Habrá quien replique el argumento diciendo que otros actúan descontroladamente. Será verdad, pero el razonamiento sirve para irresponsables de todas las edades. Cuando esta noche a las nueve cierren los bares o entre en vigor el toque de queda a las once, piénselo. Ellos se encaminarán a su burbuja familiar. Tienen 18, 20, 25, 27 años, unas ganas locas de de seguir y no son población de riesgo. Pero asumen cortarse el vuelo por los demás.

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