“Sería perjudicial que antes de que se rebaje la presión epidémica se reclamara acelerar la desescalada”

Es una temeridad que las administraciones alienten expectativas inalcanzables. Especular con una recuperación de la movilidad en Semana Santa, como ha hecho la ministra Maroto, es inconveniente

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Diario de Navarra

Actualizado el 02/02/2021 a las 06:00

La vacunación efectiva frente a la covid-19 depende de que una disponibilidad creciente de dosis se conjugue con un plan para su administración basado en criterios epidemiológicos de aplicación general. El compromiso de AstraZeneca de aprovisionar a la UE con la mitad de las dosis contratadas es preferible a que la compañía británica se hubiese desentendido por completo de las justas reclamaciones de la Comisión. Pero sigue siendo un abuso injustificable frente a una Europa que no puede detenerse en pleitear con una farmacéutica cuando necesita proteger con la mayor celeridad a su población. El anuncio de que Pfizer-BioNtech adelantará parte del suministro para el segundo trimestre del año y la normal provisión de las que aporte Moderna permiten suponer la continuidad del proceso. Aunque a un ritmo que en el mejor de los casos solo permitiría alcanzar el 70% de la población a finales de verano o inicios de otoño, siempre con la concurrencia de otros preparados. Pero no siendo obligatoria la vacunación, el uso de productos que asegurarían cerca del 100% de efectividad junto a otros que no garantizan más que el 60% exigirá mucho más que una información añadida dirigida a las personas a las que se asignen estos últimos. Y, en cualquier caso, no será fácil para el sistema de salud acompañar los viales de Pfizer o AstraZeneca con otros con menor capacidad de inmunización. La UE, el Gobierno y las comunidades autónomas tienen la obligación de apurar los tiempos para lograr la inmunidad de rebaño cuanto antes y con garantías. Pero sería una temeridad que alentasen expectativas o se fijaran públicamente objetivos inalcanzables. Especular con una recuperación de la movilidad nacional e internacional en Semana Santa, como ha hecho la ministra Reyes Maroto, resulta inconveniente cuando la tercera ola ha podido llegar a su pico de contagios, pero apunta a un descenso prolongado que dependerá de la incidencia de las nuevas variantes del virus. Sería perjudicial que antes de que se rebaje sustancialmente la presión epidémica se reclamara acelerar la desescalada.

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