Con el Servicio de Empleo hemos topado

Actualizado el 31/01/2021 a las 06:00
El Servicio Público de Empleo (SEPE) necesita cursos de gramática que refuercen su habilidad para utilizar mejor las palabras. Que las cartas que envía no suenen a embargo o advertencia grave salvo cuando tengan que perseguir expresamente ese objetivo. No es elegante ni de recibo que el SEPE reclame por escrito el dinero que abonó sin control por los ERTE pero vierta la responsabilidad sobre quienes lo percibieron. Es desproporcionado que afirme que usted, ellos o yo cobramos “indebidamente prestaciones”,- así lo dice en sus cartas-, y que amenace con recurrir a la vía de apremio si no paga. No es equilibrado que no se detenga a considerar que si hoy exige la devolución es, en muchos casos, porque estos ciudadanos se dirigieron al SEPE para informar de lo que estaba ocurriendo.
Han sido ciudadanos quienes, ante el enorme descontrol de una administración sobrepasada que pagaba a quien no debía y racaneaba a miles que sufrían el ERTE, llamaban por teléfono o se personaban en las oficinas tratando de frenar la deriva. Un viaje al desconcierto que comenzó en la pandemia cuando, si usted intentaba contactar al SEPE para cualquier prestación, no había humano que respondiera. Una máquina le situaba en una cola virtual y una voz metálica le iba conduciendo por el camino de una supuesta ventanilla: “Está usted en la fila. Tiene siete números por delante”. Y desde el salón de casa o en la cocina esperaba. Unos minutos después, le anunciaban de nuevo. “Sigue usted en la cola. Tiene 6 números delante”. Y sentía que estaba más cerca. Imaginaba a otra gente, también pegada al teléfono, en una cadena de individuos que aquí y allá formaban fila india telemática. “Está usted en la cola”, volvía a repetir el teléfono. “Le queda una persona por delante” . Casi sentía el cosquilleo de la atención inmediata que intuía. ¡Por fin!, se decía mientras repasaba cómo dirigirse al empleado.
-Sí, sí, dígame…, soltaba usted casi con entusiasmo. No había respuesta. Pipipipíííí... Ese era el sonido del teléfono que al otro lado le anunciaba que habían colgado, que su intento resultaba fallido.
Alguien debería corregir estos desatinos y gestionar en el SEPE un servicio de buen trato a las personas. Sencillo. Saludar con educación, responder al teléfono y escribir con delicadeza. Para el caso que nos ocupa me permito una sugerencia. En lugar de remitir cartas con un título acusatorio: “Comunicación sobre percepción indebida”. ¿Qué tal una alternativa que titule la carta simplemente “gracias”? Y un texto. Gracias por ayudar, por ponerlo fácil pese a los fallos en que incurrimos como Servicio de Empleo. Gracias por su paciencia, por informar de un error en absoluto imputable a usted, ni a su buena disposición a reponer la cantidad que por una error le abonamos. Y perdón sobre todo a quienes desde el SEPE no ingresamos el dinero que les correspondía a tiempo y pusimos en aprietos para pagar sus facturas. Perdón también a quienes vinieron a las oficinas y desatendimos, o a esos ciudadanos que llamaban y retuvimos al teléfono. No les supimos escuchar. Por nuestro descontrol no estuvimos a la altura de unas circunstancias que nos desbordaron y cometimos otra equivocación: echar sobre ustedes una responsabilidad que no tenían. Ustedes sí estuvieron a la altura de las circunstancias.