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Opinión
Editorial

Una dimisión forzada y tardía

La salida del consejero de Desarrollo Económico del Gobierno de Chivite se ha consumado, a pesar de que considera que su condición actual no es la de investigado por el Supremo

  • Diario de Navarra
Actualizada 30/01/2021 a las 06:00

Manu Ayerdi, consejero de Desarrollo Económico y Empresarial del Gobierno de Navarra, se ha visto obligado a dimitir tras la investigación abierta por el Tribunal Supremo. Ayer al mediodía presentó su renuncia a la presidenta del Ejecutivo foral, paso que evidencia la inútil resistencia mostrada por el consejero a permanecer en el cargo y de la presidenta Chivite para proceder a su sustitución. La continuidad de Ayerdi al frente del departamento económico se hacía inviable, tras conocerse el pasado mes de diciembre la apertura de una investigación al consejero por la concesión a la empresa Davalor de seis préstamos por un importe de 2,6 millones de euros entre 2015 y 2017, al margen de los informes técnicos de Sodena. En su despedida, Ayerdi recalcó que se iba porque no era bueno prolongar la actual situación en un momento tan complejo como el que vivimos, a pesar de no considerarse todavía como “investigado”. Nadie duda de su dedicación durante los cinco años y medio en los gobiernos liderados por Barkos primero y ahora por Chivite, fundamentalmente en el ámbito de la economía navarra. Pero yerra el consejero cuando cree que es víctima de “la obsesión de UPN”, por ser el autor de la querella que ha dado pie a la investigación del Supremo. No debe olvidar que la responsabilidad principal es la de los grupos que impulsaron el cambio de la ley foral del Gobierno, entre ellos, el suyo, Geroa Bai. Y el objeto de la modificación era adelantar el cese al momento inicial de la investigación, sin esperar a que se sustanciase la inocencia o culpabilidad del cargo en cuestión. Por tanto, aunque el consejero defienda su inocencia, no puede ahora lamentarse porque se le aplique una ley aprobada por unanimidad. Tampoco puede salvarse de la crítica la presidenta Chivite, que no ha mostrado la diligencia esperada para solventar la crisis de la forma más rápida posible con el cese de Ayerdi y el nombramiento de su sustituto. Más cuando la propia presidenta reconocía hace algunas fechas que la salida de Ayerdi del Gobierno foral era “cuestión de días”. No tenía ningún sentido alargar una agonía política sabiendo que el final sólo podía ser el que ha sido.

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