Estrategias defensivas

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Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 20/09/2020 a las 06:00

A veces, mi perro me mira con una tristeza cuyo origen no consigo averiguar. Me pregunto si comprende las noticias de la actualidad y por esa causa me mira como lo haría el perro de un niño mendigo. La mía, sin embargo, denota alarma. Lo calmo con un paseo y de regreso le regalo una suculenta lata de comida para perros que podría echar en mi ensalada. A pesar de todo, se tiende a mis pies con gesto de abandono. ¿Le entristecen las noticias? Utilizará todos sus recursos expresivos para conmoverme. Trato de hacerle entender que soy yo quien necesita apoyo, he de escribir una columna y la semana no hay por dónde cogerla: los casos de corrupción del PP, la dejación de funciones de la Fiscalía en el caso Dina; la pandemia que alcanza límites que ni los alemanes comprenden… Y qué decir de los botellones políticos de Alsasua. La pandemia lo mismo sirve para un roto que para un descosido, pero en Alsasua siempre sirve para romper la convivencia, montar una procesión de asesinos y atacar a la Guardia Civil. Joaquim Torra acude a su inhabilitación e insiste en que Cataluña es una nación oprimida, pero pasé varios días en Barcelona y comprobé que a los catalanes sólo les oprime la camiseta del Barsa. Ver un telediario o leer la prensa se ha convertido en una actividad no apta para cardiópatas. Hay que dosificar las tertulias radiofónicas como un diabético la glucosa. El cambio de estación añade una nube de angustia, los vencejos ya regresan a África. Se acorta el día y el próximo horario invernal será a una bajada de telón. El atardecer a la hora de la merienda trae consigo una vieja angustia colegial. Lo mejor en estos días es el recibimiento que me depara el perro cuando regreso a casa. Parece que vuelvo de la Guerra de los Cien Años. Baila como un zíngaro. Para evitarle el telediario, me lo llevo a perseguir gatos y rastrear conejos. Respiramos a pleno pulmón y a ambos nos cambia la mirada. Cada cual hace lo que puede. Son estrategias defensivas frente al delirio nacional. Sálvese quien pueda.

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