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Opinión
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Aplausos al profesorado

  • Pedro González Felipe
Actualizada 18/05/2020 a las 06:00

Decía el escritor y dramaturgo franco-rumano Eugène Ionesco que las ideologías nos separan, pero los sueños y las angustias nos juntan. Y por eso, la angustia por esta crisis que nos ha dejado fuera de ese mundo hecho a medida de nuestros sueños nos impulsa a salir cada día a nuestros balcones a aplaudir a esas personas que, desde la trinchera de la salud, se parten la cara para devolvernos esa vida interrumpida.

Esta situación sobrevenida nos ha permitido valorar el esfuerzo de tanta y tanta gente que de forma anónima hacía que nuestra cotidianidad fuese sencilla, fácil, tan cómoda que no reparábamos en ellos y ellas: cajeras, repartidores, policías, farmacéuticos. Y entre esos colectivos, uno que las más de las veces se siente poco valorado y comprendido en nuestro país: el profesorado. Los y las docentes de todas las etapas educativas, desde Infantil a la Universidad, han tenido que afrontar un cambio radical de escenario. Cuando el Estado de alarma obliga a cerrar los centros educativos a mitad de marzo, priorizando con toda lógica la protección de la salud, el profesorado y los equipos directivos de los centros ya han comunicado a alumnado y familias la forma en la que van a trabajar a partir de ahora, y se han preocupado de saber qué niños podrán tener dificultades para acceder a este nuevo escenario de enseñanza, para intentar solventarlas de la mejor manera posible.

Si desempeñar la tarea docente con el alumnado sentado enfrente es difícil, podemos imaginar la dificultad que se genera cuando cada niño, adolescente o universitario están a distancia, en una situación particular, con sus dificultades específicas dentro de su domicilio.

No descubrimos nada si decimos que esta situación laboral ha supuesto no sólo un aumento exponencial del trabajo, sino también una enorme carga emocional para todo el profesorado. Cada situación individual es un mundo, y el nuevo contexto educativo iguala a las personas a través del uso de los medios tecnológicos disponibles. Pero si no se dispone de esos medios, intentar que nadie se quede atrás es un trabajo duro y a veces muy complejo de gestionar desde el aislamiento.

Esas situaciones individuales de desprotección, de falta de capacidad de acceso a medios para seguir las clases, se han intentado solventar de todas las maneras. Los docentes están pasando muchas horas en el teléfono con quien no puede asistir a las clases telemáticas, contestando correos con dudas, e intentando, con la colaboración inestimable de voluntarios, Protección Civil y los diferentes Cuerpos de Policía, hacer llegar tareas y materiales en papel a quien lo necesita.

En este contexto es importante destacar la comprensión, el apoyo y la colaboración entre las familias y el profesorado de sus hijas e hijos. En la mayoría de las ocasiones ha sido ejemplar, lo que ha permitido minimizar los efectos adversos de la situación. Precisamente, son esas familias, esas madres y padres con hijos en edad escolar, las que están impulsando la necesidad de un reconocimiento a la labor y el esfuerzo que el profesorado está teniendo en estos momentos.

El profesorado necesita que seamos conscientes de la enorme importancia de su tarea. En tiempos normales y en los que no lo son. Durante todo el tiempo que nuestros jóvenes pasan en los entornos educativos, están intentando que desarrollen, muchas veces en contra de las formas de vida y los intereses predominantes, valores como la solidaridad, el esfuerzo, la capacidad de afrontar los problemas de manera constructiva o el respeto como herramienta para contribuir a la mejora social. Lo más gratificante sería que, a partir de ahora y para siempre, la sociedad reconozca su tarea y el valor que ésta tiene en beneficio de todos.

Y ese reconocimiento debe empezar por la propia administración educativa. En estos días en los que se habla de la vuelta a las aulas, y en los que en cada momento aparece una especie de ocurrencia, escasamente explicada, que no tiene en cuenta la opinión de los propios docentes antes de su difusión social, es más necesaria que nunca la claridad, la información puntual y la participación del colectivo en las decisiones.

Por tanto, gracias a todo el profesorado navarro de todas las etapas, a cada tutor y tutora de cualquier nivel, y a orientadores y orientadoras, quienes, a pesar de la dificultad, siguen estando pendientes de cada alumno; y gracias a los equipos directivos que han asumido una situación de liderazgo y compromiso, buscando la colaboración de todos para que la atención al alumnado siga en las mejores condiciones posibles. Finalizo con un pequeño ruego: esta tarde, durante los aplausos, dedíquenles unos cuantos a todos ellos.

Pedro González Felipe, parlamentario de NA+ y miembro de UPN

 


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