Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

Opinión
Opinión

Los aplausos se apagan y los cipreses lloran

Tenemos que reconocer que la sociedad ha fallado y que los aplausos enaltecen su profesionalidad (sanitarios), pero no apoyan sus reivindicaciones

Luis Sarriés Sanz
Luis Sarriés Sanz
DN
  • Luis Sarriés
Actualizada 16/05/2020 a las 06:00

E L viernes, 13 del pasado mes de marzo, a las 22 horas en punto, miles de españoles, imitando la buena práctica iniciada en Wuhan en enero de 2020, abrían, por primera vez, las ventanas de sus viviendas para rendir, con un fuerte aplauso, un caluroso homenaje a todos los sanitarios. Aquel día en Navarra había 130 contagiados, en España 5.753. Y en la Clínica Universitaria 30 sanitarios se encontraban en cuarentena por temor a un posible contagio. Durante casi dos meses, los aplausos se han repetido a las ocho de la tarde.


Probablemente, a la hora de aplaudir, la mayor parte de los ciudadanos dirigían su mirada hacia los hospitales y centros de salud. Pero no se puede olvidar que situaciones igualmente dramáticas y de dedicación heroica se estaban dando en las residencias de mayores, donde han fallecido más de 15.000 ancianos, en condiciones, a veces, dramáticas.


Poco a poco, los aplausos se van apagando y en algunas zonas se mezclan con el ruido de las cacerolas. Nuestros sanitarios han agradecido el gesto, pero hubieran preferido más presión al gobierno, para que les dotara de EPIs, guantes, gafas y mascarillas seguras, les proporcionara más respiradores y más personal sanitario para poder descansar y no terminar la jornada derrotados de cansancio y fatiga física y psicológica. Hemos aplaudido su dedicación y exposición al contagio, pero olvidamos que no son gladiadores, que, al principio se tuvieron que proteger con bolsas de basura, de un virus, que en cualquier momento podía asestarles un golpe mortal de contagio. 48.000 sanitarios contagiados era la cifra del 10 de mayo y 39 fallecidos.


Por otro lado, tampoco se ha reflexionado suficientemente, sobre la presión moral y psicológica a la que han estado sometidos: “Enfermos angustiados y con crisis de ansiedad, celadores que no pueden dormir, auxiliares con episodios de pánico, médicos muy tristes con pesadillas”. Porque la vida de muchos enfermos se les escapaba y asistían a la agonía de personas que morían en soledad, sin un familiar que apretara su mano y recogiera su última mirada. Y porque muchos sanitarios, sobre todo madres de familia, han permanecido lejos de sus familias, sin poder abrazar a sus hijos, con la sombra pegada a su cabeza de un posible contagio. Y otras madres, cuyos hijos, veían cuando entraban en casa que, sin darles un beso, corrían a la ducha y procedían a largos procesos de desinfección.


Tenemos que reconocer que la sociedad ha fallado y que los aplausos enaltecen su profesionalidad y grandeza moral, pero no apoyan sus reivindicaciones. Y los sindicatos de clase que han protagonizado manifestaciones y encierros en las empresas para defender el derecho a la seguridad física y moral, no estaban allí. Al contrario muchos de los liberados, a quienes el gobierno obligó reincorporarse al trabajo el 28 de marzo, se habían escondido en sus casas.


A los sindicatos los hemos visto aparecer el 1 de mayo para exigir “una salida justa e igualitaria de la crisis” (UGT), o pedir “el abandono de las políticas de austeridad” (ELA) y “Vida digna en el centro de trabajo” (LAB). Pero los trabajadores sanitarios no han estado en su agenda. Es verdad que tuvieron un recuerdo para ellos el 28 de abril, día Internacional de la Salud y de la Seguridad en el Trabajo. También que la UGT de Andalucía denunciaba el 4 de mayo que “las mascarillas que reparte la derecha en Andalucía” habían caducado en 2014. Pero no hemos visto nunca la contundencia y la energía necesarias para exigir al gobierno actuaciones rápidas y seguras para defender su salud, sus derechos laborales y las subidas laborales que reclaman desde hace años.


Tampoco los políticos han respondido a las necesidades de una sociedad angustiada y desorientada. Mientras las UCIs estaban desbordadas, y los mayores de ochenta años eran rechazados en las UCIs, o recluidos en sus casas (recordemos los hermanos fallecidos en Lanz) o confinados en las residencias, los políticos no han sido capaces de ponerse a trabajar juntos.


Todo lo contrario, de acuerdo con su baja capacidad de liderazgo, se han enzarzado en una guerra de insultos intolerables y de crispación, que es ofensiva para todos los ciudadanos. Nos guste o no Unidas Podemos, no queremos que otros les insulten y les acusen de dejar “a miles de nuestros mayores encerrados y condenados a muerte”. Nos guste o no Vox, es indignante que se afirme de ellos en el Congreso: “Ustedes representan el odio, la hipocresía y la miseria moral. Ni siquiera son fascistas … son simplemente parásitos”. Votemos o no al PP, nadie debe identificar a sus votantes con el término despectivo de “derechona rancia” y corrupta. Ni tampoco que se insulte a los socialistas al descalificar al presidente de todos los españoles.


Que esto, para vergüenza de todos, no pasa más que en España, donde un abismo profundo separa a la derecha de la izquierda y donde, en un guerra contra el mismo enemigo, nos echamos los muertos encima, mientras los cipreses lloran y dejan caer sus hojas sobre sus cenizas.

Luis Sarriés Sanz es catedrático de Sociología


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE