Houllebecq

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Pedro Charro Ayestarán

Actualizado el 11/05/2020 a las 08:20

Michel Houllebecq, el escritor más polémico y con mejor olfato de Francia y que suele adelantar en sus libros lo que está por llegar, ha escrito una carta sobre este tiempo del confinamiento en que dice, frente a la idea de Flaubert de que el escritor debe estar clavado en su silla frente al escritorio y cuanto más aislado mejor, que él es más partidario de Nietzsche, quien escribió toda su obra paseando. Salir a andar no solo es muy creativo sino disuelve la tensión nerviosa, deshace las ideas que dan vueltas en la cabeza, permite descansar. Encerrado se vuelve uno fou. Tal vez por eso vemos tantos paseantes ahora aprovechando su turno, algo desatados, un poco nietzscheanos. Por lo demás H. no está de acuerdo -dado que es también un gran pesimista- en que tras este tiempo vaya a nacer algo distinto. Según él, las cosas volverán donde solían, seguiremos en lo mismo. Esta idea comienza a ser habitual. Es la idea de que el hombre no cambia, que no tiene remedio, que tropieza en la misma piedra. Que tras las grandes catástrofes y guerras la gente solo quiere olvidar. Lo que habrá son cambios a escala geopolítica, dice; seguirá la decadencia de Europa, pues no está escrito que tengamos que ser los ricos del planeta, pero tras este tiempo no surgirá nada nuevo, no habrá servido de lección y solo se acelerarán ciertos cambios ya en curso: la presencia de la tecnología que desplaza a los contactos humanos y los convierte en algo obsoleto, casi prescindible, o la paradoja de que la muerte, tan presente estos días, sea algo que se siga escondiendo y se disimule con entierros discretos, convertida en un mero numero estadístico. Como aquí, en Francia también han descubierto que la vida, a cierta edad, parece valer menos, como si uno estuviera ya un poco muerto. Después de leer a H. he salido a pasear, como aconseja, y he recordado cosas que he escuchado estos días: los que quieren una vida más sencilla y serena, los que han descubierto lo que desean, los que han perdido lo que tenían, los que sienten miedo y los que han visto una oportunidad. Nada es igual para todos. Todo será como antes, sí, pero todo será distinto para siempre.

 

opinion@diariodenavarra.es

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