Día de Europa, día de los europeos
Es ya un lugar común entre los europeístas que la UE debe ir avanzando en su integración institucional para llegar a ser una Europa política fuerte

Actualizado el 09/05/2020 a las 06:00
El 70 %, aproximadamente, de las legislaciones nacionales de los 27 Estados miembros proviene de la Unión Europea. Según el eurobarómetro anterior a las elecciones europeas del año pasado, el 60 % de los ciudadanos europeos, creía que ser miembro de la UE era bueno para su país. Y el 68 % estaba convencido de que su Estado se ha beneficiado de pertenecer a ella: el porcentaje más alto desde 1983.
La última legislatura europea, dentro de los tiempos convulsos en que vivimos, ha extendido y robustecido el mercado común europeo haciendo posible que cualquier ciudadano que viaje a otro país de la UE pueda utilizar su móvil y la red, sin que su compañía telefónica le cobre un céntimo de euro. Y, aunque acechada por los atentados terroristas, y también por eso mismo, la UE ha endurecido la directiva sobre armas y ha dificultado su movilización en el mercado negro. Se aprobó, por fin, el Registro de Pasajeros Aéreos, tras siete años de discusiones.
La Unión Europea lidera ahora mismo la lucha contra el cambio climático, en la que se comprometió a reducir las emisiones de dióxido de carbono más de un 45% de aquí a 2030, en comparación con los niveles de 1990, así como a poner fin al plástico de un solo uso a partir de 2021. Y en estos momentos el Consejo Europeo ha respaldado ya el desembolso de una ingente cantidad de dinero -en torno a un billón y medio de euros-, a cargo de un extraordinario presupuesto plurianual, para un programa de reconstrucción, tras el flagelo de la pandemia del coronavirus, en favor de los 27 Estados miembros.
Es ya un lugar común entre los europeístas que la UE debe ir avanzando en su integración institucional para llegar a ser una Europa política fuerte y acrecentar a la vez su influencia humanizadora en el mundo, cuyo centro de gravedad se va alejando de ella, del Atlántico hacia el Pacífico. La forma concreta de esa deseable integración no será igual a ninguna otra y dependerá, si ha de ser realista y eficaz, de la voluntad mayoritaria de sus miembros. La Unión cuenta ya con tres importantes instituciones de corte federal: el Parlamento Europeo, el Banco Central Europeo, y sobre todo el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Por otra parte, la Unión Europea no ha tenido como objetivo dotarse de la fuerza militar para defender su territorio ni es esa su manera de ejercer las relaciones internacionales, confiada como ha estado hasta ahora en la amistad de los Estados Unidos de América y en el poder de la OTAN. Pero teniendo en cuenta la actual presidencia norteamericana y sus poderosos soportes políticos y económicos, así como la conducta de las superpotencias de Rusia y China, la Unión no podrá menos de dotarse de una fuerza propia si quiere sobrevivir como tal.
Pero más allá de la Unión política, económica, defensiva…, existe la Europa cultural y espiritual, que da el fundamento existencial, el sentido de su identidad y el alma de su actividad a la Unión de los 27 Estados. Durante la actual pandemia, la fundación francesa Robert Schuman ha ido enviándonos electrónicamente una copiosa antología, que más bien parecía un repertorio completo, de los tesoros histórico-culturales de toda Europa, vivos y actuantes en las bibliotecas y archivos, museos y exposiciones, conservatorios y escuelas de música, catedrales y monasterios, universidades, teatros, palacios, casas consistoriales…, donde, además de vivir, se mantiene, se cultiva, se expande, se contagia el espíritu que hace posible que podamos hablar todavía, y pase lo que pase coyunturalmente, de Europa.
Celebramos, el día 9 de mayo, la fiesta de nuestra patria europea. (Declaración de Robert Schuman, 9 de mayo de 1950, en pro de la Europa del carbón y del acero).
Patriotas europeos, que tenemos a Europa como nuestra segunda -o primera, según se mire- patria, estamos perpetuamente agradecidos a quienes tuvieron el acierto y la generosidad de elevar nuestros pueblos por encima de sí mismos y de su propio pasado. No nos rendiremos jamás ante cualquier populismo demagógico, soberanista o no, que quiera imponer el resentimiento, el odio y su cortejo de tristes pasiones egoístas, opuestas diametralmente a los fundantes valores de la Unión. Y nos esforzaremos por librar el trabajo (mejor que la ‘lucha’ o la ‘batalla’) democrático de cada día por una Europa libremente unida, que es para nosotros lo mismo que trabajar en favor de la civilización.
Víctor Manuel Arbeloa. Escritor