El arca de Noé

Actualizado el 30/04/2020 a las 06:00
Han transcurrido varias semanas desde que entró en vigor el estado de alarma, el día a partir del cual los españoles perdíamos una gran parte de nuestra libertad y pasábamos a abrazar la seguridad de un confinamiento indefinido en nuestros hogares.
Estos días los he tomado como una especie de catarsis particular, unos días en los que a nivel familiar nos hemos unido más si cabe, donde el diálogo y la conversación han estado presentes. Son días en los que se gestionan momentos de angustia y crisis. No me quejo, soy un privilegiado y por ello creo es un deber ahora más si cabe intentar ponerse en el lugar del otro, de hacer el siempre difícil ejercicio de empatizar.
Dentro de este pequeño ecosistema familiar, uno se pregunta cómo llevará el “tema” la adolescente para quien lo más importante son las amigas, salir y descubrir o qué pasará por la cabeza de quien está enamorada del “maromo” que se encuentra en la distancia, o cuáles son los pensamientos de quienes habían comenzado a labrarse su camino profesional. Lo de “maromo”, como padre afectado, lo digo desde el cariño claro está. Todo se ha congelado como en una instantánea.
Pero si llevamos la empatía más allá de nuestros muros, nos deberíamos preguntar por el irónico confinamiento de aquellos que carecen de hogar, por los sufren una dura enfermedad, los que viven al día en el subsistir, los que viven en soledad, quienes han recibido un mazazo por el cierre de sus negocios y se preguntan por su futuro, por nuestros mayores aislados, por todos aquellos que no tienen horas repartiendo cuidados en situaciones de riesgo para sus vidas, por los de aquí y por los de allá.
Lo personal está claro pasa a un segundo plano. Parece ser que el gobierno empieza a preparar los escenarios de lo que ha denominado la desescalada, y es que si algo estamos aprendiendo estos días son palabras nuevas o por lo menos en desuso. Desescalada me huele a conflicto, a final de una de situación de guerra vivida, a fin de contienda, a vencedores y vencidos.
Creo que nunca hubiésemos imaginado vivir esta especie de pesadilla, de película en la que todo el mundo tiene su papel, unos más protagonistas que otros, unos más héroes, otros más villanos y los más actuando de extras. El escenario de guerra era perfecto y en los inicios de la crisis el discurso de Winston Churchill “Lucharemos en las playas”, venía como anillo al dedo, solo había que sustituir Gestapo por virus y Nazi por pandemia. Como todo proceso, esta desescalada lleva asociado un plan estratégico con diferentes medidas, entre las cuales me ha resultado pintoresca la creación de las llamadas por el ministro de sanidad “arcas de Noé”.
No es mi intención en este escrito ni la crítica ni mucho menos la alabanza de la medida consistente ni más ni menos en poner en cuarentena a pacientes leves y asintomáticos en diferentes instalaciones públicas y privadas para evitar el contagio una especie de mini guetos. Lo pintoresco de la medida me viene referido por el nombre en sí, “arcas de Noé”.
Siempre me ha gustado el personaje de Noé, un buen hombre, un hombre de principios, recto y justo a quien Dios le encomendó la gran misión salvadora de construir un arca descomunal, antes de que destruyera a su generación por tanta idolatría e injusticia existente. El resto ya se conoce y es historia. No sé yo muy bien cómo de desesperado debe de andar este gobierno laico y progresista cuando se apoya en un relato bíblico para poner nombres a tablas de salvación. No me imagino un consejo de ministros extraordinario sometiéndolo a votación, ni al vicepresidente exigiendo un lenguaje más inclusivo para el dichoso nombre. O quizás haya algo de siniestro en todo esto de la elección, algo que me da más miedo y es que detrás del nombre, de la elección del personaje bíblico, hayan querido hacer una especie de símil entre Noé y nuestro inefable presidente. En fin esperemos en que escampe pronto, retorne la viva la paloma y se firme el armisticio con el invisible enemigo.
Juan José Velázquez Goya, economista en atico asesores.