La Organización Mundial de la Salud

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José Ramón Remacha

Actualizado el 27/04/2020 a las 06:00

La OMS es básicamente un organismo de Naciones Unidas. Es un actor global, aunque modesto en su presupuesto y relativamente apolítico dentro del gran cuadro de la ONU. Tiene como misión servir de punto de encuentro y discusión de todos los países miembros para colaborar en materia de salud y sanidad en beneficio de todos. Son hoy 194. Su nivel de éxito y excelencia depende de las aportaciones médicas y científicas de los Estados miembros. Constituye un fondo de conocimientos y medidas en materia de salud a nivel mundial. Pero no dispone de medios propios para imponer sus recomendaciones. No tiene una línea política propia, como no la tiene tampoco la OMM que se dedica a la meteorología. Es más bien técnica que política. Sin embargo, sus defectos estructurales son semejantes a los de la ONU. Todo el mundo espera sus soluciones.

Viene a cuento esta introducción laudatoria por la necesidad de salir al paso de ciertas afirmaciones que culpan a la OMS de la mala gestión llevada a cabo en la lucha contra la pandemia que nos asedia. El más notorio está siendo el Sr. Trump que amenaza con retirarse de la OMS, y llevarse el 22% del presupuesto que es su aportación anual. Acusa a la organización de cubrir las vergüenzas y las censuras de China en esta pandemia.Y también se oyen voces muy críticas a nivel privado e individual. Esto se explica desde la irritación y el desconocimiento justificados. A veces oímos que la ONU no sirve para nada, pero también se dice que si no existiera habría que inventarla. Y esto último está más cerca de la verdad. Lo mismo pasa con la OMS. Desempeña una función sin duda mejorable, pero su función es valiosa y necesaria porque llena un vacío grande y peligroso a nivel planetario. Especialmente desde que vivimos en una aldea global.

La OMS no se ha limitado a recomendar el confinamiento masivo. El 31 de enero ha advertido sobre la existencia y el peligro de esta pandemia. Le ha dado el nombre técnico de covid 19. En febrero ha enviado, en dos ocasiones, expertos en comisión a Wuhan para indagar sobre el origen del virus y recoger información de China a nivel científico. Luego ha recomendado el uso de las mascarillas. Ha insistido en tests, tests, pruebas masivas de PCR. Pide ayuda al sector privado. Ha conseguido una aportación financiera de 150 millones de dólares del magnate de internet Bill Gates para esta causa. Sigue informando sobre cómo evoluciona la pandemia y lo que conviene. Y el doctor etíope que hoy dirige la OMS recurre a la disponibilidad y capacidad de investigación de laboratorios privados a nivel general. Lo que no ha hecho es brindar una vacuna. Ni una solución médica para el tratamiento terapéutico de la enfermedad. Y esto no lo ha hecho porque no llega. Con su presupuesto ordinario de 2.400 millones de dólares anuales no puede hacer mucho a nivel de investigación para todas las pandemias que tiene presentes. El sida, la hepatitis, la malaria, el ébola, el dengue y otras más ocupan la atención de la Organización además del Coronavirus, en muchas partes del mundo. Tiene delegaciones en 150 países. En definitiva, depende de las aportaciones de los miembros, no solo en presupuesto sino a nivel de información médica y científica. La OMS no puede rebotar lo que no recibe.

Las carencias en su eficacia hay que buscarlas en las acciones y omisiones de los gobiernos de sus propios miembros. En el caso presente hay muchos que no han seguido las medidas recomendadas o no han aportado informaciones esenciales. O bien han tardado en seguir las indicaciones. EEUU e Inglaterra se han demorado. España también. China es un caso que precisa un estudio especial. Y otros como Portugal, Austria, Corea del Sur, Alemania, Finlandia están teniendo mejores resultados. Es evidente. Pero no porque la gestión de la OMS sea mejor. Es la misma en todas partes.

José Ramón Remacha Profesor titular de Derecho Internacional

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