Teletrabajo y creatividad ante el covid-19

Tras la crisis, estaremos en una inmejorable situación para establecer un contexto adaptado a la realidad emergente, aprovechando la inercia que se ha generado

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Amaya Erro

Actualizado el 20/04/2020 a las 06:00

La crisis del covid-19 nos ha llevado a intensificar el uso de la tecnología a niveles que hace sólo unas semanas parecían imposibles, y, como ante cualquier otra crisis, ha obligado a agudizar el ingenio.


Los ciudadanos, en nuestros roles de trabajadores, desempleados o estudiantes, y ante la necesidad de mantener nuestras relaciones laborales, sociales o académicas en este contexto, estamos descubriendo nuevas aplicaciones de la tecnología. Al aprender a utilizarlas, desarrollamos nuestras habilidades y competencias digitales.


En el ámbito profesional, el teletrabajo ha sido la opción adoptada por muchas empresas para garantizar la seguridad de los trabajadores frente al covid-19 y, al mismo tiempo, continuar la actividad económica. De la noche a la mañana, las empresas han adaptado su infraestructura informática para permitir el trabajo en remoto, han superado barreras tecnológicas, normativas, y, en mi opinión, de confianza, para posibilitar el teletrabajo.


Mención especial merece la actividad educativa. En pocos días, universidades, institutos, escuelas y demás centros educativos han diseñado una estrategia para enseñar a distancia y evaluar conocimientos. Familias y estudiantes se han convertido en expertos en el uso de plataformas de videoconferencia como Skype, Hangout o Zoom para atender las clases en un entorno virtual. Se han familiarizado con programas educativos como IXL o Kids maths games, entre otros, para reducir los efectos del confinamiento, tratar de complementar la labor de los docentes, y teletrabajar al mismo tiempo.


En tercer lugar, como sociedad en conjunto, hemos experimentado la utilización de diferentes Apps como WhatsApp para realizar videollamadas con múltiples participantes, o nos hemos convertido en aprendices de informáticos para instalar programas en remoto a nuestros mayores.


Los ejemplos son infinitos: ingenieros que desarrollan respiradores para fabricarlos con máquinas de impresión 3D, proyectos colaborativos a través de Instagram para diseñar y coser mascarillas, etc.


En definitiva, tanto nuestras competencias digitales como nuestra creatividad se han disparado. Por ello, tras la crisis causada por el coronavirus, estaremos en una inmejorable situación para establecer un contexto adaptado a la realidad emergente, aprovechando la inercia que se ha generado.


En el ámbito educativo, con ingenio, creatividad y con el apoyo de la tecnología, podremos redefinir el modelo de enseñanza, sin detrimento de la educación presencial, que considero fundamental. Como complemento a la educación presencial, la tecnología puede permitir mejorar el proceso de aprendizaje. Las clases grabadas que apoyan el trabajo en el aula y liberan tiempo para que el profesor se centre en el alumno (modelo de enseñanza invertido o Flipped Classroom) son ya una realidad, pero también un ejemplo de cómo una nueva situación nos puede llevar a replantearnos temas que considerábamos inamovibles hace pocas semanas.


Respecto a la experiencia de teletrabajo, podría surgir la oportunidad de crear una normativa específica en España que lo regule (más allá del Acuerdo Marco Europeo sobre Teletrabajo, que establece únicamente recomendaciones), y superar la anquilosada normativa laboral basada en una economía industrial. En este aspecto, hace más de 10 años tuve la oportunidad de liderar un proyecto piloto de implantación del teletrabajo en la Cámara de Comercio e Industria de Navarra, impulsado por el Servicio Navarro de Empleo del Gobierno de Navarra. De la misma manera, hace ya dos años participé en un estudio de investigación para el fomento del teletrabajo en el Instituto de Smart Cities de la UPNA por encargo de Tracasa, para el Gobierno de Navarra. No obstante, estos esfuerzos para potenciar el teletrabajo requieren de un contexto favorable a su desarrollo, precisamente, como el actual. Como hace tiempo leí, “cada gran innovación ha venido precedida de un cambio social importante”.


Es más, los expertos señalan que el 85% de los trabajos requieren competencias digitales, al menos a nivel básico, y que en el futuro, las habilidades digitales marcarán la diferencia en la mayoría de las profesiones. Al mismo tiempo, se detecta un gap entre los conocimientos digitales necesarios para la digitalización y los que se tienen actualmente. Confío en que las medidas que puedan establecerse tras esta crisis y como fruto de ella contribuyan a reducir este gap.


Como me advirtió un antiguo jefe hace ya tiempo, “no parece sensato ir en contra de la dirección de la ola”, y esta situación nos conduce a la ola de la transformación digital.



Amaya Erro Garcés Doctora en Economía. Premio Fin de Carrera. Profesora de la Universidad Pública de Navarra. Tutora UNED Pamplona

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