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OPINIÓN

La única cara positiva del virus

Avatar del Luis LandaLuis Landa12/04/2020
Ante tanta preocupación y muertes que está provocando el coronavirus, tenemos que intentar darle una pizca de ilusión y de futuro a esta sociedad encerrada en sus casas. Dicen que “no hay mal que por bien no venga”, “no hay enfermedad que cien años dure” o también “de qué te sirven los bienes, si salud no tienes”.

La vacuna o la pastilla milagrosa son los dos tesoros que todos esperamos encontrar. Solo sabemos que es un microorganismo compuesto de material genético que causa diversas enfermedades y que se introduce como parásito en una célula para reproducirse en ella. Pero no nos asustemos, ya que un gramo de tierra contiene alrededor de 40 millones de células bacterianas y en un mililitro de agua dulce se encuentra un millón de células.

Cuando hablamos de organismo unicelular lo relacionamos con enfermedades, cuando solo el 1% se desarrolla como negativo. El resto son inofensivos o buenos para el bienestar de la sociedad. Por tanto existe una relación directa entre las bacterias y el ser humano, son beneficiosas para la digestión, la higiene o el sida. Algunos microbios son esenciales para producir acetona o alcohol, para limpiar lugares contaminados o reciclado de basura.

Ante tanta enfermedad, nos fijamos en tres elementos positivos, como consecuencia del covid-19:

1) En beneficio de la sociedad, este encierro dentro de nuestros hogares nos ayuda a vivir en una comunidad, aceptando unas normas de convivencia para que todo funcione como un reloj. Cuando nos indican que no salgamos a la calle estamos desarrollando el respeto a las personas para que el virus no se propague tan rápidamente.

Una sociedad no puede existir sin unas reglas mínimas. ¿Cómo se educan las normas? Con el ejemplo, porque se aprende más con las obras que con las palabras. Sin embargo, vivimos en la actualidad con un elevado nivel de permisividad y con la poca responsabilidad de algunos vecinos: paseamos por parques, vamos varias veces a la compra, sacamos al perro con mucha más frecuencia, incluso nos atrevemos a visitar el pueblo nativo. Como muy positivo, este aislamiento nos invita a reflexionar sobre la gran cantidad de personas que tenemos a nuestro lado que se sacrifican para que dispongamos de toda clase de necesidades primarias: médicos, enfermeras, auxiliares, transportistas, periodistas, profesores, servicio a domicilio, basureros, taxistas, etc. Son personas que hacían su trabajo diariamente pero que pasaban desapercibidas. A todos ellos nuestro agradecimiento.

2) En beneficio de la familia: necesitamos unos principios para poder subsistir en un piso. Utilizamos una serie de reglas para mantener un orden y garantizar los deberes del colegio y de la educación de los hijos. ¿Cómo compaginan los padres el cariño con la autoridad, en tantas horas de convivencia? El cariño siempre debe mantenerse, pero unido a la exigencia, al diálogo y a la disciplina, mezclando el trato afectuoso con la permisividad.

3) En beneficio de la soledad: la expansión del virus nos ha hecho recordar que casi cinco millones de personas viven solas en España y un tercio son mujeres mayores de 65 años. En 2031, la cifra subirá a cinco millones y medio. No hay que identificar la soledad como algo negativo y perjudicial, ni asociarlo a la tristeza, ya que tiene una cara positiva.

Decía el escritor Dossi: “Nos alejamos de la soledad porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismo”. No seremos capaces de conocernos hasta que disfrutemos de momentos de estar solos, porque no es un defecto sino una virtud. Hay que separarse del ajetreo para escuchar la voz del silencio y de tu interior. Incluso, el estar solo será muy necesario y beneficioso para desarrollar múltiples creaciones como la pintura, la escritura o la música.

En resumen, nos entristece cada uno de los fallecidos y que las familias no pueden despedir a sus seres queridos, valoramos el sacrificio del servicio de hospitales y residencias, nos aflige el presenciar a millones de personas encerradas en sus hogares y reconocemos la crisis económica que va a representar. Pero ante tanto agobio, debemos esparcir unas gotas de esperanza y de alivio.

El coronavirus nos ha hecho despertar de ciertos hábitos y de ciertas deficiencias que no habíamos pensado y que pasan cotidianamente. Somos altruistas, no obstante tenemos que mejorar en hábitos sociales, en reforzar la pareja e impulsar la familia con la consiguiente formación de los hijos y, finalmente, necesitamos, a veces, lugares de soledad para encontrarnos a nosotros mismos. Decía Cervantes que las tristezas no se hicieron para las bestias sino para los humanos, pero si las vivimos intensamente nos convierten en animales.


Luis Landa El Busto. Licenciado en Ciencias Humanas y profesor
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