Y después, ¿qué es lo que viene?
La vuelta a la normalidad va a tardar mucho más en llegar que la salida del confinamiento

Actualizado el 23/04/2020 a las 20:09
Ya es oficial. El confinamiento ciudadano se prolongará al menos otros quince días más, hasta el 25 de abril. Pero el estado de alarma puede ir más allá. El presidente Pedro Sánchez lo comunicó al país ayer y aprovechó también para sembrar que la vuelta a la normalidad, que es otra cosa muy distinta, va a tardar mucho más tiempo.
Cerrojazo y los datos de Google. Hoy, las ondas expansivas de cruzan. Por un lado, la prioridad de un sistema sanitario trabajando a destajo, y a veces con escasez de medios, para atender a los enfermos de coronavirus. Historias y dramas personales por millares. Y por otro, la paralización económica decretada para combatir la pandemia, que ha puesto en pie otra crisis, social y económica.
Porque el cerrojazo a toda la actividad económica no esencial ha marcado la semana. Una medida tan improvisada por el Ejecutivo de Sánchez que minutos antes de que entrara en vigor, todavía no estaba claro a quién le iba a afectar. Y que, como muchas otras cosas estos días, ha habido que corregir justo a las pocas horas. Este segundo “cerrojazo” a la actividad económica afecta sobre todo a la construcción, buena parte de la industria y una amplia parcela del transporte.
Google, que todo lo ve y lo controla, acaba de hacer públicos los datos de paralización que ha detectado a través de los teléfonos móviles. Corresponden a las dos primeras semanas de confinamiento, antes de la última ampliación. Y son elocuentes. Los desplazamientos por trabajo se han reducido un 61% en Navarra, cifra ligeramente por debajo de la media de España (64%) e Italia (63%) y muy superior a la de Alemania (39% de reducción), Francia (56%) o Reino Unido (55%). Un indicador claro de la paralización económica.
Del paro a los ERTE. Los primeros datos de marzo sobre las consecuencias económicas del parón trazan un retrato desolador. 900.000 empleos destruidos en dos semanas de marzo en España. Dos de cada tres son empleos temporales, lo que evidencia que la destrucción ha empezado por los más débiles.
Otra cosa será, luego, el efecto de los 6.000 ERTE presentados en Navarra, que pueden afectar a cerca de 40.000 personas. Y que explican el espectacular atasco-tapón que existe en la tramitación de todos estos casos en el SEPE. Datos que se amontonan para hablar de la necesidad de actuar rápido en el presente para evitar que colapsen las empresas y, con ellas, los trabajadores.
Y tras el confinamiento... A la vez, necesitamos pensar y prever la salida. Algún día se acabará el confinamiento y entonces, ¿qué?. La normalidad no va a volver de repente. Todos los expertos sanitarios hablan de una transición gradual. Poco a poco. De meses. ¿Serán muchos o serán algunos menos?. Nadie lo sabe hoy. Y lo mismo va a pasar en el mundo económico y laboral. Parece que este segundo “cerrojazo” se levantará tras la Semana Santa. Pero la realidad no la va marcar sólo la vuelta al trabajo o la actividad, sino la acomodación de los ciudadanos a la nueva realidad sanitaria.
Va a haber muchos meses donde nada va a ser igual. Ni el consumo, ni las vacaciones, ni el ocio, ni los viajes. Nuestra manera de relacionarnos en sociedad, y por tanto de vivir, se va a transformar tras la pandemia. Más deconfianza hacia el otro, más distancia social, menos alegría en los desplazamientos, nuevos rituales, alergia a la masas. Más local y menos global. El virus nos ha mostrado la fragilidad de un mundo que imaginábamos seguro y cercano. Y ahora, de repente, ya no lo es.
Sectores esenciales de verdad. Todos estos cambios van a impactar con enorme fuerza en el mercado laboral. La demanda de bienes va a seguir siendo zarandeada por el tsunami causado por un virus mucho más allá del confinamiento. Muchos sectores van a padecer mucho y algunos, en cambio, encontrarán nuevas salidas. Lo que cambia es la manera en que concebimos las prioridades. La tecnología e internet sostienen hoy nuestros confinamientos, pero luego buscaremos de nuevo el mundo de las relaciones.
El concepto de sectores esenciales va sufrir una gran transformación. ¿Alguien se atreverá a discutir el papel esencial de los sanitarios o del trabajo de los agricultores después de esta primavera de confinamientos? Porque recordemos que médicos y agricultores batallaban estos meses pasados en la calle por ganar visibilidad y reconocimiento. Ha tenido que ser esta tragedia colectiva la que les devuelva el protagonismo en positivo.
Mirando a Europa. Y una comunidad tan industrial como la nuestra, que exporta al resto de la UE la mayoría de lo que produce, tiene que pensar también en el efecto de la pandemia en el resto de Europa. Porque nos va a afectar todo. También el ritmo al que se desenvuelvan nuestros grandes vecinos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia. La realidad de cada país nos va a pasar factura también a los demás.
Pactos de la Moncloa: ¿Seremos capaces? Comienza a abrirse paso la necesidad de unos nuevos Pactos de la Moncloa para salir de esta pandemia. Hasta el presidente Pedro Sánchez se apuntó a la idea. Es decir, del compromiso de todas las fuerzas políticas para pactar el camino para superar el enorme agujero económico en el que nos vamos a sumergir.
Es lo que sucedió en 1977, recién recuperada la democracia tras la muerte de Franco y en medio de una enorme crisis económica, cuando el centrista Adolfo Suárez pactó un programa económico con socialistas, nacionalistas, la derecha y los comunistas. Hoy, vuelve a ser una necesidad más intensa que ninguna otra. Más aún en una sociedad tan polarizada y troceada políticamente como en la que vivimos. Pero no basta con desearlo. Hay que trabajar en serio para conseguirlo. Dejando sectarismos al margen, arrimando el hombro, liderando de verdad desde el Gobierno de España, dando espacio a la oposición, dialogando en serio, escuchando. ¿Seremos capaces?