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Opinión
OPINIÓN

¿Tecnología humanista?

Ha llegado la hora de volver a la filosofía y teología de la historia y debatir sobre la naturaleza y el futuro de la humanidad en un universo en evolución

Víctor Manuel Arbeloa.
Víctor Manuel Arbeloa.
  • Víctor Manuel Arbeloa
Actualizada 19/02/2020 a las 06:00

Los seres humanos somos animales tecnológicos, que no sólo modelamos y transformamos nuestros entornos, sino que les añadimos nuevas realidades, resultado de nuestra actividad. A la vez somos los animales más altamente sociales del planeta, pues dependemos más de las relaciones entre nosotros que de nuestras interacciones individuales con nuestro medio natural. Y por eso mismo, los de mayor capacidad técnica.

Durante el siglo XIX el trabajo técnico del hombre fue visto por unos como el medio mejor para apropiarse del mundo y liberarse política y socialmente como personas, mientras otros veían la tecnología como causa de la enajenación de la naturaleza y de las relaciones humanas. A comienzos de los Setenta del siglo XX, con el nacimiento del movimiento ecológico, el centro de atención se desplazó del hombre hacia la misma naturaleza y hacia la tecnología como fuerza externa, temida o aceptada.

Entendemos hoy por tecnologías los medios, productos, inventos y prestaciones comunes de la actividad humana, siempre colectiva, inmensamente variada a lo largo de la historia.

Los rápidos avances tecnológicos recientes de nuestra era llamada del Novaceno (tras la del Antropoceno (1712-1902), a partir sobre todo de la evolución del ordenador y la difusión de la informática, han transformado, en unos pocos años, nuestro modo de proyectar, producir y utilizar toda clase de artefactos: lo que nos plantea no sólo no sólo cuestiones sobre su uso, sino preguntas profundas sobre los seres humanos y nuestro lugar en el mundo. Ya están ahí, en todos los ámbitos de nuestra existencia cotidiana, y van a estar cada día más, las prodigiosas novedades: máquinas sapientes (androides, ciborg), robots, coches de conducción autónoma, teléfonos inteligentes, carne sintética, bots, AlphaZero…) sustituyendo todo un mundo tradicional de procesos, servicios y mediaciones, incluidos analistas, profesores, abogados, médicos, psicólogos…

El mundo del trabajo experimenta hoy el nuevo hito de las interacciones y la coexistencia entre hombres e inteligencias artificiales. Pero, aunque ya en 1996 IBM presentó la inteligencia artificial “Deep Blue”, que logró derrotar al campeón del mundo de ajedrez, el ruso Kasparov, ninguna “machina sapiens” se construyó para derrotar al “homo sapiens”, sino para llevar a cabo una nueva simbiosis entre el hombre y sus artefactos: “homo (+ machina) sapiens”. El peligro mayor no deriva de esas máquinas, sino dejadas en manos incapaces o malvadas. (“¿Podremos, en un peligro -dice un verso de Ernesto Cardenal-, desenchufarlas a tiempo?”).

 

¿ESTAMOS ANTE UNA NUEVA REALIDAD?

Podemos citar el exitoso experimento de obtener carne sintética in vitro, llevado a cabo por científicos holandeses en 2013, con posibilidad de multiplicarlo miles de veces. O el más reconfortante de potenciar, por medio de la psicofarmacología, la atención y la memoria de los enfermos con riesgo de demencia, pudiendo un día aplicarlo a toda la tercera edad, incluida la posibilidad de debilitar y borrar los recuerdos indeseados. Los robots trabajan en todo el mundo y los androides comienzan a habitar la Tierra. Cada día vemos difuminarse la diferencia entre lo natural y lo artificial, en una difícil definición de límite.

Con los “big data”, presentes ya por doquier, nos hemos dotado de un nuevo instrumento de investigación. Lo que fueron el telescopio y el microscopio en los siglos pasados para conocer los extremadamente lejano o pequeño, los “big data” son ahora el macroscopio para ver lo extremadamente complejo de las relaciones sociales, identificando relaciones y conexiones donde antes no veíamos nada. Ha nacido el nuevo concepto de “información”, propio de la nueva sociedad llamada con ese nombre.

Y la pregunta sobre una nueva realidad nos interroga sobre una nueva humanidad. Las nuevas tecnologías pueden liberar al hombre de los trabajos más onerosos, de un envejecimiento prematuro y de muchas enfermedades mortales. Pero también tratar a los seres humanos como masas desechables y violar su dignidad inalienable modificando sus características humanas. La nueva filosofía poshumana y transhumana toma pie de las nuevas propuestas de la medicina y de la biología sintética para defender la maleabilidad y la transformación del cuerpo humano, visto sólo como “un conjunto de “informaciones”, hasta conseguir por todos los medios posibles una futura y jaleada “inmortalidad” en este mundo.

Ha llegado, pues, la hora de volver a la filosofía (ontología y ética) y teología de la historia -tan maltratadas en estos tiempos posmodernos-, y debatir sobre la naturaleza, la posición y el futuro de la humanidad en un universo en evolución, siendo fieles a los diferentes ideales de los seres humanos, sus protagonistas.

No es sólo cuestión de técnica, sino de sabiduría.

Víctor Manuel Arbeloa Muru Escritor


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