Salamanca

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Pedro Charro

Actualizado el 17/02/2020 a las 06:00

Volví a Salamanca a dar vueltas por la Plaza Mayor, a veces con algún viejo amigo, otras solo y luego me senté en el Novelty a mirar a esos hombres con pelliza y cara arrugada por el sol, las manos en los bolsillos, que hablan en los soportales del campo, del tiempo y del ganado, hasta que se hizo la hora y fui al Liceo a hablar de cuando Unamuno estuvo en Hendaya, esos cinco años tan fértiles, del 25 al 30, antes de que todo se precipitase, y luego salimos a la calle y paramos de nuevo en la plaza iluminada, entramos en un mesón, y allí me hablaron en voz queda de los problemas de esta tierra abandonada, este norte de Castilla que se despuebla y se muere poco a poco sin remedio, pues ya se sabe que el que no llora no mama, y aquí siempre han sido de poco aspaviento, un tanto derrotistas. Siempre han visto cómo las cosas se hacían en otra parte. Esto es el corazón y la entraña de España pero no les ha servido de mucho, incluso en los tiempos de Franco las empresas se instalaban en Madrid, el País Vasco o en Cataluña, hasta muy tarde aquí no hubo un kilómetro de autovía: Ávila, Segovia, Zamora, Soria, tienen hoy menos población que hace un siglo, no hay joven que se quede, incluso las zonas con una tradición industrial y minera, como el Bierzo leonés, han sido desmanteladas y esa provincia ha retrocedido, está peor, vive un momento de zozobra, y quizás eso explique ese leonesismo que quiere abandonar la Comunidad, sea una expresión de descontento de la que nadie hace caso porque no cuenta como el reto de Cataluña, por ejemplo, para el que hay barra libre, son otros, como siempre, los que sacan más tajada: en España las regiones más pudientes siempre han querido ir a su aire, el independentismo aquí es cosa de ricos, mientras que en este sufrido interior se advierte una rabia contenida, una sensación de asombro y decepción, como si unos familiares que siempre han vivido con nosotros, de pronto les diera por decir que no nos conocen. Camino hacia el hotel por esta plaza dorada y serena, y siento que todo pasa, pero que aquí algo permanece.

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