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Respuesta de Iriarte a Cerdán | ¡Ay, si hubiera compartido mantel con Arnaldo!

Iñaki Iriarte es profesor de la EHU- UPV y parlamentario de Navarra Suma

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Iñaki Iriarte

DN
24/10/2019 a las 06:00
  • Iñaki Iriarte
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Este año, el 23 de marzo, se cumplieron cien años del acto inaugural del fascismo italiano: el discurso en la plaza del Santo Sepulcro en Milán. El programa que expuso un exmiembro de la ejecutiva del Partido Socialista Italiano llamado Mussolini resultaba tan revolucionario y poco conservador, que en 1936 Palmiro Tagliatti, el líder histórico del Partido Comunista Italiano, pudo decir: “Nosotros, los comunistas hacemos nuestro el programa fascista de 1919, que es un programa de libertad”.

El ascenso del fascismo se debió a la forma en que combinó ideas que atrajeron tanto a izquierdistas, como a derechistas. Por ejemplo, el culto que prestaba a la guerra (“única higiene del mundo”) y a la revolución sedujo tanto a los iluminados de la izquierda como a los militaristas de derecha. Lo mismo sucedió con su idea de nación: una comunidad de sentimientos, creada por la naturaleza, atemporal, superior a las demás, odiada por sus vecinos y con una misión moral sobre la Tierra. Por eso quienes hoy salivan con una purificadora degollina revolucionaria y creen en una nación ideológicamente homogénea, sitiada por pueblos de enemigos que le roban el dinero y la identidad, están mucho más cerca del fascismo de lo que pueden sospechar.

No sé a cuántos homenajes a republicanos habré asistido, antes incluso de entrar en política. A veces hubo discursos muy comedidos; otras, terminaron con vivas a la República. Habitualmente vi banderas tricolores (bandera que, como ya escribí, considero tan mía, por española, como la bicolor). En ocasiones, con la hoz y el martillo superpuestos. Otras veces hubo también banderas anarquistas e ikurriñas (estas últimas, gracias a la Asociación de Familiares de Fusilados en Navarra, se han vuelto ya muy raras). Nadie me acusó por ello de republicano, comunista, etc. Tampoco se me acusó de “etarra” cuando he mostrado -cosa que volveré hacer- mis condolencias a los familiares de víctimas de actuaciones de funcionarios contrarias a la ley. En los últimos años, he compartido mesa y charlado con gente tan variada, que me sonrío al recordarlo: en Tierra Santa, la lista incluye desde una sionista de extrema-derecha a simpatizantes de Hamas; en España, desde un condenado a muerte en el proceso de Burgos a… un pequeño grupo de carlistas.

Fue el pasado agosto. No hubo cánticos, discursos, ni homenajes a nadie. En realidad, fueron muy amables. Pero, al parecer, los pobres me pegaron algo que ni siquiera ellos saben que son. Merced a esa rápida comida de arroz y pollo, heme aquí convertido el resto de mi vida en un miserable fascista -de acuerdo al infalible diagnóstico del doctor Cerdán-. De nada serviría pedirle que pregunte a sus compañeros del Partido Socialista, ellos que me han escuchado decir en el Parlamento cosas como: “En relación al tema del derecho a la verdad, justicia y reparación para las víctimas de violaciones de Derechos Humanos, nosotros hemos insistido muchas veces a lo largo de la legislatura en ese derecho. Para las víctimas de todas las violencias. Tanto las de hace ochenta años, como las de hace diez años. Y tanto si la violación de los derechos humanos se realizó en nombre de España, de la República, del socialismo, del rey y los fueros o de Euskal Herria o el orden constitucional”. También: “Nosotros, pensamos que el franquismo fue una dictadura infame. Creemos que todas las dictaduras lo son. Las que las que se visten de azul, las que se visten de rojo o las que se visten de negro. Creemos que no deben ser justificadas, ni ensalzadas”. Da igual. Pedirles que por decencia rectifiquen en público a su compañero es pedirles un imposible. Da igual el daño que hayan hecho a mi honor, mi trayectoria política y académica.

¿Por qué fuimos Patxi Pérez y yo a aquella comida en Leiza? Por algo tan simple como la invitación de unos amigos en dicha localidad. ¿Deberíamos habernos largado al ver que entre los invitados por alguno de estos amigos había personas con boina roja -que vendrían de hacer lo que fuera? ¿Tendríamos que haber desairado a los demás comensales, la gente más valiente de Navarra? ¿Acaso es un crimen compartir mantel con unos carlistas? ¡Mis dos abuelos lo eran, como los de, me temo, media Navarra! ¡Debí pecar, pobre de mí, desde que estaba en el vientre materno! ¿Pecaría también Unamuno cuando asistió a un mitin de la Falange? ¿E Indalecio Prieto, cuando dijo que al volver a España lo primero sería ir a poner flores a las tumbas de los españoles del otro bando? ¡Cuánta hipocresía! Se puede pactar con partidos que consideran a Maduro y Castro un “modelo” o con quienes gobernaron con quien no condenó ni condena el terror. Eso es “llegar a acuerdos con diferentes”. Pero comer pantxineta en compañía de unos carlistas merece anatema. ¡Ay si hubiese merendado con Otegi o el carnicero de Mondragón…! Ahora sería… ¡“un artesano de la paz”!

Por favor, el próximo septiembre que alguien organice un homenaje a los diputados carlistas navarros Pradera y Beúnza, asesinados en 1936. Acudiré encantado.

Iñaki Iriarte López. Profesor de la EHU- UPV y parlamentario de Navarra Suma.

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