Mensajes detrás de los números

Actualizado el 31/10/2019 a las 14:34
Densa semana llena de mensajes con trasfondo económico. Así, el nuevo Gobierno foral decide ejecutar la sentencia “del grado”, esa que señaló que los interinos del sector público también tenían derecho a cobrar el grado. Y el Ejecutivo de Chivite mete el acelerador a fondo y con generosidad. Reconoce a todos los interinos el carácter retroactivo del cobro (desde 2015, incluido) y abonará de golpe todo el dinero adeudado en la nómina de noviembre. Serán la friolera de 72 millones de euros para 8.045 interinos. Una media de 7.000 euros brutos por persona. Una “super paga extra” de Navidad adelantada que tendría que notarse hasta en el consumo en una comunidad tan pequeña. Y unos millones que saldrán “a toca teja” de las arcas públicas. Sin necesidad de pedir créditos. Deducción; el Gobierno foral sí tiene dinero disponible en el banco. Lo cual resulta llamativo. Porque los políticos siempre se escudan en el “no hay dinero” para rechazar peticiones y ahora, de repente, salen 72 millones de la caja fuerte. ¿El IRPF de las madres, pendiente para fin de año, tendrá la misma suerte?
Otro mensaje transmitido por el Gobierno foral estos días llega de la mano de una cifra. El 2,2%. Es la previsión de crecimiento de la economía navarra para el año que viene. Un dato que, aunque suene descarnado, encierra un aviso. Representa el hecho de que la economía foral reducirá su crecimiento (será de un 2,7% este año según las previsiones oficiales), pero que mantendrá una relativa robustez, sobre todo en comparación con lo que nos rodea. Porque la economía europea se frena casi en seco en estos momentos y la española también acusa el golpe. La previsión del Gobierno de Sánchez hoy es lograr un 1,9% de crecimiento en 2020 y con tendencia a la baja. No hay que olvidar que las previsiones son las que sirven para tomar decisiones en las empresas y en la Administración. Por eso son cruciales, se cumplan o no.
Con el debate del coche eléctrico pasa lo mismo. Se ha instalado ya la previsión de que es el futuro y eso condiciona el presente, como bien saben en los concesionarios de automóviles. Emilio Sáenz, presidente de VW-Navarra realizó esta semana en Baluarte una de las contadas apariciones públicas que protagoniza y se explayó para hablar del futuro de la planta de Landaben. Con tres mensajes claves. Uno, que la planta tiene garantizado su futuro en los próximos seis o siete años gracias al Polo, al T-Cross y al SUV coupé que llegará en 2021. Lo que ya es mucha fortuna en un contexto económico como el que vivimos, por lo señalado unas líneas más arriba. Dos, el que a medio plazo (2028-2030) la planta de Landaben debería ser una “fábrica mixta” que combinase coches con motor de combustión y los coches eléctricos para seguir ampliando el futuro. Y tres, que el problema y el reto es combinar con acierto esta “transición” hacia el coche eléctrico para evitar una espiral destructiva en el sector industrial de la automoción. Esta discusión, que parece lejana, es capital. Vivimos en una sociedad en tránsito. El cambio climático ha puesto en marcha a todos los fabricantes hacia el coche eléctrico. Pero nadie sabe hoy en qué plazo se logrará. Lo que sí está claro es que pasar de uno a otro va a ser muy duro para la industria. Y que de encontrar el ritmo adecuado en esta transformación va a depender buena parte de la tranquilidad o no de la industria del automóvil. Y su futuro.
