BCE: las espadas en todo lo alto

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Juan Pablo Montes

Actualizado el 03/10/2019 a las 18:29

En pocas ocasiones ha habido tanta expectación en el mundo financiero como la que ha levantado la reunión que tendrá lugar mañana, día 12, del consejo de gobierno del BCE. Son muchas las esperanzas puestas en que Mario Draghi se despida de su presidencia, después de ocho años de mandato, aplicando un paquete de estímulos monetarios contundente y convincente. Entre las propuestas que baraja el mercado, está descontado que reducirá la tasa de facilidad de depósito -el interés que cobra el BCE a la banca por tener su dinero aparcado en él (del -0.40 actual al -0,50 o incluso al -0,60-. Así mismo, se espera la implantación de nuevas inyecciones de liquidez y nuevos programas de compra de deuda soberana y sobre todo corporativa, por importe de 30.000 millones de euros mensuales incluso de empresas de baja calidad crediticia. Sin descartar, aunque pequemos de optimistas, que también se apruebe la compra de acciones de compañías europeas en los mercados de renta variable. Por cierto, esto último ya lo hizo el Banco de Japón, desde 2010, con resultados imperceptibles. En resumidas cuentas, un auténtico arsenal de medidas encaminadas a paliar el débil crecimiento de la economía europea y elevar un nivel de inflación que dista mucho de llegar al objetivo del 2%, establecido por el banco central europeo.


De lo comentado hasta ahora, se podría decir que todo tiene sentido y, que los dirigentes europeos saben lo que hacen y están obligados a actuar de esa forma. Sin embargo, cada vez son más los analistas que critican abiertamente las políticas tan acomodaticias de tipos cero y negativos, resaltando que dicha política monetaria está agotada y perdiendo efectividad. En este sentido, me gustó el símil que utilizó un alto responsable de Fed indicando que tanta relajación monetaria es “una medicina que envenena al paciente”. Igualmente, son muchos los gestores de renta fija que opinan que los bajos tipos de interés arruinarán al sector financiero. Recordemos que, sólo este año, han sido 7.500 millones de euros el coste que ha supuesto a la banca europea el depositar su exceso de liquidez en el BCE. Con este panorama, tal vez sea más fácil entender por qué el sector bancario cotiza a precios de mínimos históricos con recortes en el último año superiores al 50%. Soportes importantes en la cotización de muchos valores como fueron los 4 euros del Banco Santander o los 5 euros del BBVA, han sido perforados a la baja con una virulencia llamativa. Por no hablar del resto de entidades de menor tamaño -CaixaBank, Bankia, Sabadell…- cuyos balances bursátiles son, igualmente, preocupantes.


Pero no sólo las entidades financieras son las que se enfrentan a un futuro descorazonador, también el ahorrador está sufriendo y padeciendo este drama monetario. Con el agravante de que, tarde o temprano, los bancos se verán obligadas a cobrar a los clientes por los saldos que éstos mantengan en cuenta. Debemos prepararnos para ello, porque dicha situación llegará si o si, seguro. De esta manera, todos los participantes en los mercados debemos asumir que son tiempos muy inciertos y que estamos asistiendo a situaciones sin precedentes. ¿Tipos negativos? ¿Pagar por prestar? Son conceptos tan anormales que, seguramente, no auguren nada bueno.


Además, y desde el punto de vista inversor, intentar vaticinar la evolución de cualquier activo ya sean acciones, bonos, inmuebles, materias primas, en el corto/medio plazo, resulta, a todas luces, vano: los tipos negativos desvirtúan cualquier valoración y dificulta la asunción de riesgo y, por lo tanto, el progreso económico. Es difícil entender que alguien invierta, por ejemplo, en bonos alemanes sabiendo que va a perder un 0,70% cada año durante los 10 siguientes, si los mantienen hasta vencimiento. Y lo peor de todo, es que todas las estimaciones apuntan a que esta situación se va a perpetuar durante mucho tiempo, por lo menos en Europa. Salvo sorpresas muy llamativas de un fuerte crecimiento económico, que no está ni se le espera, o una fuerte alza de la inflación motivada por guerras o conflictos bélicos, no se contempla una subida de tipos, ni por asomo. Ningún político se va a atrever a subir tipos y correr el riesgo de dar al traste con las frágiles economías de unos países europeos muy endeudados. Volviendo a la reunión de mañana, emplazo a aquel inversor, que quiera experimentar emociones fuertes, a que siga en directo la comparecencia de Mario Draghi a las 13:45 horas. Seguramente, conforme vaya desglosando toda la batería de medidas a tomar, los mercados le premien con alzas, porque es lo que quieren oír. Sin embargo, habrá que estar muy atentos a sus conclusiones y previsiones para el futuro. Lo normal es que, en su despedida, el Sr. Draghi no defraude, pero todo puede suceder.


Juan Pablo Montes Fuentes Director Renta 4 Banco

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