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Opinión
TV

La serie que sí iba de algo

Foto de Iker Cortés.
Iker Cortés.
DN
  • Iker Cortés
Actualizada 06/08/2019 a las 06:00

¿Saben lo que me saca de mis casillas?". Con esta pregunta iniciaba Peter Griffin su espacio televisivo en el informativo de la cadena local de Quahog. En aquel celebrado capítulo, el padre de Stewie se dedicaba a explicar pormenorizadamente qué era lo que le llevaba por el camino de la amargura y hablaba, entre otras cosas, de que en la vida real no hay droides o de que no soportaba ver a Lindsay Lohan paseándose por el decorado de una película con un minimodelito mientras él se tomaba una cerveza al otro lado de la pantalla. "¿Qué es lo que quieres? ¿Quieres que quedemos? Yo te diré lo que quieres, no quieres nada, porque todos sabemos que ninguna mujer quiere acostarse con nadie", decía a cámara en una reflexión tan estúpida como hilarante.

Pues bien, ahí va una cosa que me saca de mis casillas: la idea de que 'Seinfeld', la espléndida serie que ahora cumple treinta años, no va de nada. Como si el resto de las 'sitcoms' fueran de algo en particular, como si 'Frasier', 'Alf', 'Matrimonio con hijos' o 'Cosas de casa' tuvieran una historia de largo recorrido que se dirige a un final más o menos estudiado o como si el planteamiento de 'The Big Bang Theory' -colegas compartiendo piso- diese lugar a un gran relato. Pues no. Precisamente el atractivo de las 'sitcoms' reside en los personajes y los diálogos.

Fueron los propios creadores de 'Seinfeld' quienes acuñaron la idea de que la ficción de la NBC no iba de nada. Y lo cierto es que como eslogan resultaba llamativo. Tanto es así que incluso lo incluyeron dentro de la ficción que luego se pondría en marcha en la serie. Pero la vuelta al chiste es que si hay una ficción cómica que va de algo es ésta. Porque 'Seinfeld' iba de cómo un humorista extrae de la cotidianidad el material para sus monólogos. Y en esa cotidianidad estaban unos personajes maravillosos -George, Elaine, Kramer- y unos planteamientos únicos casi en cada capítulo. Por eso nos acordamos del bolígrafo que puede escribir bocarriba, del coche perdido en el aparcamiento, de la cola para entrar en el cine, del rodaje de Woody Allen. En cambio, cuando uno echa la vista atrás en 'Friends', percibe una nebulosa de la que puede rescatar la relación entre Rachel y Ross y aquel mítico "Estábamos en un descanso".

 


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