Cómo no, San Fermín SÍ

Ya vale. Tenía razón Antonio Machado cuando dijo que todo lo que se ignora se desprecia

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User Admin

Actualizado el 06/07/2018 a las 21:01

No me atrevo a hablar de lo que desconozco, de lo que me pilla lejos física o intelectualmente. Evito opinar sobre teoremas matemáticos, sobre qué procedimiento es idóneo para materializar un trasplante de riñón o sobre si en la tomatina de Buñol existe riesgo de que uno de esos frutos que se tiran unos a otros te saque un ojo. Sin embargo ya nadie, igual da que viva en Marte, guarda silencio en relación a los Sanfermines, a lo que significan y suponen. Expertos somos todos. Algunos incluso sin saber localizar Pamplona en el mapa.


Las fiestas han acabado arrojadas a la palestra de mala manera, a raíz de un zarandeo de su imagen con cuentagotas que ha crecido a apalizamiento por el horrible caso de La Manada. De él disertaba el último febrero una escritora y periodista peruana, Gabriela Wiener, en un artículo de opinión publicado en The New York Times en Español donde describía los Sanfermines así: “Una festividad tradicional que consiste en que una horda de hombres vestidos de blanco corran en actitud desafiante y perturbada delante de una manada bovina, evitando que les pille el toro, pero pretendiendo jugarse el pellejo para luego, envalentonados de lidiar con las bestias, procurar tocar partes de mujer en borracheras callejeras multitudinarias”. Otra escritora, Lucía Etxebarria, en su caso española, ha animado a que este año no haya “ni una mujer en San Fermín”. Ya vale. Tenía razón Antonio Machado cuando dijo que todo lo que se ignora se desprecia.


Se ha acabado el acomodamiento y el dejarse llevar por la mera inercia de limitarse a rescatar la ropa blanca y roja del trastero cada 5 de julio, para volver a almacenarla diez días después junto a unas anécdotas frágiles con las que alimentar a las polillas. San Fermín SÍ. San Fermin BAI. La campaña puesta en marcha por Diario de Navarra está justificada. Es la hora de reivindicar las fiestas en positivo, su esencia verdadera reunión de lágrima ante el santo en la procesión, aplauso por la ruleta imposible de los gigantes Toko-Toko y Braulia, aroma a churros mañueteros, sonido de pezuñas contra las losetas de la calle Estafeta o evaporación de las diferencias con los demás. Los Sanfermines arrollan convertidos en torrente inabarcable de vivencias y sensaciones que evolucionan con cada persona conforme cumple años. Cómo si no, a pesar de un programa de actos sin demasiadas novedades calendario a calendario, con el pañuelico al cuello el hoy siempre resulta una versión modificada del ayer y el mañana ya veremos qué depara. Defendamos lo nuestro de tanto botarate. Saquemos el orgullo de su modorra.

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