Amaia Romero, metáfora de una generación

Actualizado el 15/12/2017 a las 10:35
En este país hay mucha gente que canta bien. Lo acreditan los numerosos programas musicales, los denominados‘talent show’ por los que asoman rostro y cuerdas vocales desde hace tiempo jóvenes con aptitudes. ¿Por qué triunfa en medio de este frenesí musical una pamplonesa de apenas 18 años? ¿Qué le distingue de las distintas pléyades de cantantes que le antecedieron?
Amaia Romero funde dos elementos que podrían parecer contradictorios. De un lado, la desbordante naturalidad con la que se mueve, responde a los ‘coach’ y al presentador del programa. Una espontaneidad que le permite abandonar el plató justo antes de la actuación porque se está haciendo pis o le lanza a relatar en directo por TV y sin restricciones mentales que ha pasado una mala semana porque tenía diarrea. Así, sin eufemismos. Mira que podía haber dicho gastroenteritis o dolor de tripas. Pero ella empuña siempre un desparpajo que desarma. Desarma al espectador y al presentador que trataba de sortear con circunloquios la denominación más explícita. Naturalidad al desenvolverse y solvencia cantando. Esta chica aúna frescura personal y tablas por encima de su juventud cuando coge el ‘micro’. Ahí reside parte de su magia. Una combinación sorprendente de ingenuidad casi infantil y de experiencia en el escenario impropia de su edad. Esa es la segunda característica que la hace original. Que una joven de 18 años domine los nervios como si tuviera la veteranía de una artista de 40. El resultado es una criatura que interpreta, canta, y se desenvuelve delante de millones de telespectadores tan desinhibida como si lo estuviera haciendo para su madre mientras prepara croquetas en la cocina de su casa de Mendillorri. Esta pamplonesa transmite la misma campechanía cuando canta en camiseta para el ‘profe’ de OT el zorongo gitano de García Lorca que ella misma acompaña al piano con la Malagueña de Albéniz, que cuando, embutida en cuero negro, se atreve con un rock de Pink que una semana antes ni siquiera había escuchado.
SÓLIDA FORMACIÓN
Canta, interpreta y transita con envidiable naturalidad en la academia y en las galas de OT. Es mi favorita. Lo confieso. Pero comparte con otros de los mejores ‘triunfitos’ su formación académica. Ahí están sólidos competidores como Alfred, Aitana, Roi... Hubo un tiempo en que los concursantes sabían cantar. Tenían voz y desparpajo. Ahora, además de garganta y timbre, blanden una cultura musical envidiable. Lenguaje musical, conservatorio, flauta travesera, piano... Vivimos en un país tan sobradamente preparado, tan aplastantemente formado que da miedo que sus protagonistas, la generación mejor preparada de la historia, no encuentre salidas a su altura. Ahí corresponde centrar el tiro a los políticos. Es su obligación abandonar el bucle de estar siempre entretenidos hablando de lo mal que lo hace quien tienen ideológicamente enfrente. Es el momento de poner el timón del barco a la altura de unos jóvenes que zarparon a toda velocidad. Y hoy navegan por ese mar de aguas inciertas que es el futuro. No se puede condenar a la generación más competente a convertirse en reponedores de supermercado, dependientas o camareros. Vale la reflexión para estos chicos ‘triunfitos’, que son una metáfora del futuro que ya está aquí. Y sirve también para los ingenieros, los químicos, los veterinarios, los físicos, los terapeutas, los programadores, los médicos…, y miles de chavales que hoy están muy por encima de un mercado laboral incapaz de absorber la superespecialización en la que tanto dinero hemos invertido. Brindo por estos triunfitos, los que cantan y los que se esfuerzan en cualquier otra disciplina. Ojalá que los políticos tomen en serio la que les viene encima. Muchos no superarían ni la gala cero de Operación Triunfo. Estarían nominados para salir a las primeras de cambio.
