El resto estamos cuerdos

Vamos por la calle convencidos de que el respeto es la pauta de conducta y la excepción los comportamientos antisociales

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User Admin

Actualizado el 07/11/2017 a las 06:00

Un loco subido a una furgoneta arrolla a la multitud en Nueva York y arrebata la vida a ocho personas. El mundo que contempla la tragedia como espectador cree que es una excepción. Que los demás habitantes del globo estamos cuerdos. Olvida que hace poco más de dos meses, en Barcelona, otro enajenado se llevó por delante a decenas de paseantes de las Ramblas y segó 18 vidas. ¡Bah!, se consuelan algunos. Es el yihadismo desenfrenado que hay que parar.


El resto estamos cuerdos. ¿Seguro? Esta misma semana era detenido un hombre en Cantabria por abusar de su sobrina de tres años y grabar sus excesos. Un degenerado que se aprovechaba sexualmente de una criatura cuando los padres la dejaban a su cuidado. El martes, un hombre apuñaló al amante de su ex novia en un bar de Burlada. El jueves, otro loco disparó y mató a su hijo, de 34 años con un arma de fuego en Asturias. Y hace unos días descubrimos denuncias por acoso sexual contra dos grandes de Hollywood, Dustin Hoffman y Kevin Spacey.

¿Podemos estallar todos?


Vamos por la calle convencidos de que el respeto por los demás es la pauta de conducta de las personas con quienes nos topamos y los comportamientos antisociales la excepción, pero cuando abrimos los periódicos o encendemos la televisión hay semanas que esa impresión se diluye como un azucarillo en un café caliente. Resulta que hasta el ‘seny’, ese sentido común atribuido al genoma catalán se desmorona entre las élites políticas de la Generalitat como un trozo de hielo en el Ártico. ¿Realmente la mayoría somos normales? O detrás de cada tipo aparentemente corriente, que trabaja, recoge a los niños a la salida de la escuela, cede la prioridad a los peatones en el paso cebra, le gusta el pollo al horno y una copa de vino el fin de semana , se esconde una persona que puede perder la cabeza, los nervios y estallar. ¿Podemos explotar todos?


APARENTEMENTE NORMALES


Cuando la policía arresta al más salvaje de los asesinos, los periodistas tratamos de averiguar cómo era, por qué lo hizo, de dónde le vino el mal…, ¿por qué no se pudo detener antes de que cometiera la atrocidad? Las respuestas rara vez contribuyen a esclarecer nada. Era tímido o extrovertido, afable, divertido, trabajador o parado, muy estudioso o nada estudioso, adoraba a sus padres o prefería vivir al margen de ellos… Rasgos que dibujan los perfiles psicológicos de miles de personas denominadas normales. De las que nunca han metido el cuchillo a nadie.


Llama la atención que las historias de terroristas y desequilibrados siempre tienen debajo a un tipo aparentemente normal, que ríe, habla, come, vive…, a quien en un momento se le fue la pinza. Véase. El asesino de Nueva York era un ciudadano uzbeko, casado, de 29 años, que jugaba a menudo con sus tres hijos. Un taxista de Uber de trato fácil que trasladaba clientes por las calles de la gran manzana. El hombre que abusaba de su sobrina merecía la confianza de los padres de la niña así que probablemente tenía un buen número de horas al día por las que transitaba con apariencia de equilibrado. Sospecho que el asesino de Burlada también tendría comportamientos normales, haría la compra, visitaría a los amigos hasta que un día sufrió el chispazo mental y se le cruzó el cable. ¿Y Dustin Hoffman o Kevin Spacey? ¿No era normal el admirado protagonista de “El graduado” y “Kramer contra Kramer” o el de “American Beauty”? ¿El resto estamos cuerdos? Contra lo que podría deducirse creo que sí. Los medios de comunicación se han especializado en poner el dedo en la llaga de acontecimientos que como tales son extraordinarios por inhabituales: atentados, asesinatos, abusos... Hechos que convierten a sus responsables en protagonistas en el momento en el que sufrieron un cortocircuito en el cerebro. Pero además de los periódicos está la vida de la gente normal. Porque la materia con la que se construyen los titulares de prensa no suele coincidir con el tejido que cose la enorme humanidad de la normalidad. La tela del equilibrio nunca nutre titulares. Afortunadamente alimenta canciones. “El mundo está lleno de mujeres y hombres buenos, así que canto a los valientes que llevan por bandera la verdad, a quienes son capaces de sentirse en la piel de los demás, los que no participan de las injusticias, no miran a otro lado; los que no se acomodan los que riegan siempre su raíz”. Es un fragmento de la canción “Girasoles” de Rozalén. Confirmado. El resto sí estamos cuerdos.

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