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Opinión
OPINIÓN

Asiron y el Monumento a los Caídos

es licenciado en Ciencias Humanas y profesor

Ocho décadas de guerra civil

Luis Landa

DN
05/09/2016 a las 06:00
L A historia es el reflejo de nuestro pasado y es difícil interpretar los acontecimientos de hace lustros con nuestra mentalidad actual. Por eso todo aquel que juzga las actuaciones de nuestras anteriores generaciones se equivoca, porque no puede ponerse en la piel de los habitantes de hace ocho décadas.

El edificio de Los Caídos molesta al alcalde de Pamplona, porque simboliza el homenaje a los fallecidos por el bando nacional en la guerra civil y porque en él se encuentran restos de personas que lucharon contra la II República. Al Sr. Asiron le interesan más los muertos que los vivos y, sin consentimientos de sus familiares, quiere exhumar a los difuntos Mola y Sanjurjo.

En la cripta se encuentran siete sepulturas, dos de los jefes militares y el resto una representación de las merindades de Navarra. Todos denunciamos la cruenta guerra del 36 y todos lamentamos los asesinatos injustos de inocentes realizados por ambas partes, tanto por el lado sublevado como por los republicanos. Sin embargo han pasado 80 años y deseamos una convivencia pacífica, un buen entendimiento y borrar las cicatrices y las heridas que han provocado tantas lágrimas.

El alcalde de Pamplona quiere remover el fango y desea actualizar el enfrentamiento. Incluso desea derruir el monumento a pesar de ser obra del arquitecto Víctor Eusa, ya que le suena a dictadura e ideología de derechas. Por el contrario, exige la conservación del colegio marista, la Misericordia, Seminario o Casino Eslava.

Se obsesiona por eliminar todo lo que representa a la historia de Navarra, que no esté ligada a su quimérica Euskal Herria y se despreocupa de la limpieza de la ciudad, de echar a los okupas de los edificios público y de conservar las escuelas infantiles en castellano. Sin embargo reivindica el proyecto de autobuses con 800 mil euros, apoya la subvención a decenas de grupos musicales y teatrales en euskera en perjuicios de los que se manifiestan en castellano, aplaude las exposiciones sacrílegas, permite las ikurriñas y las fotografías de los presos etarras en las fiestas de los barrios y se niega a participar en los actos religiosos vinculados con su cargo.

Hace unos días visité la vecina Logroño y quedé sorprendido porque la corregidora de la capital está interesada por dar calidad y bienestar a sus ciudadanos y todavía mantiene las calles de los generales Sanjurjo y Mola en el casco histórico. ¿Por qué? La Sra. Gamarra de Logroño tiene otras prioridades y los vecinos y dueños de oficinas de esas calles siguen viviendo con normalidad sin montar conflicto. Prefieren su asfaltado y alumbrado a gastarse el dinero en retirar sus placas o cambiar los domicilios fiscales de las empresas.

Este año el consistorio pamplonés continuará borrando emblemas o nombres de calles, cuyas biografías no comulgan con Bildu. ¿Por qué no se eliminan rúas y obeliscos dedicados a los monarcas navarros Íñigo Arista, Sancho III, Sancho el Sabio o Carlos III? Ellos también fueron dictadores y absolutistas, luchando contra los musulmanes en beneficio de los cristianos o castigando a los pobres agricultores con fuertes impuestos. Según su criterio, ¿acaso tendríamos que borrar la mayor parte de nuestra historia, sobre todo de sus dirigentes, por sus actuaciones prepotentes y abusivas hacia el pueblo llano?

Me temo que todavía veremos cosas más graves durante esta legislatura. Al Sr. Asiron le encantaría cambiar la Avenida Sancho el Fuerte, que confundió su patrimonio con el de su reino, y denominarla Lehendakari Garaicoechea, Euskal Herria o Avda. de los Vascos.

Si a la presidenta Barkos le chirriaba la historia con motivo del premio Príncipe de Viana, también al alcalde de Pamplona, a pesar de sus múltiples escritos, le chirría y utiliza el pasado de nuestros antepasados con fines partidistas. Los que llevamos muchos años impartiendo clases de geografía e historia de Navarra sabemos que es imposible interpretar con nuestra mentalidad la historia de hace siglos, incluso de hace 8 décadas, porque las circunstancias y los momentos son diferentes.

La historia no ejemplar, reflejada en manuscritos y monumentos, no hay que borrarla, sino mantenerla como insignia de los errores de los antepasados, a semejanza de Alemania con sus barracones de exterminio. ¿Derribamos Andelos o las Musas de Arellano por pertenecer a los invasores romanos? Por eso, debe conservarse el monumento a Los Caídos y su cripta como símbolo de equivocación por no haber sepultado también a los republicanos. Queremos zanjar el conflicto del 36 y, sobre todo, queremos que nuestro alcalde impulse el desarrollo de la ciudad y el bienestar de los pamploneses y deje de regir sólo para los separatistas y abertzales.

Para finalizar, el Sr. Asiron es el representante de todos los ciudadanos con ideologías diversas, incluso contrarias y su deber es evitar la confrontación e impulsar la convivencia.

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