Una de cada cuatro bajas laborales se prescriben en lunes
Navarra es el territorio donde su duración media es menor


Publicado el 18/05/2026 a las 11:27
“Lunes y viernes no hay baja laboral, hay ‘bajaciones’”. Es una frase que pronunció hace un año Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) y vicepresidente de la CEOE, que los empresarios no han dejado de repetir en los últimos años al calor del aumento de las prestaciones por incapacidad temporal. Y los datos parecen cimentar sus quejas.
En 2025, de los 1.000.486 procesos analizados por Asepeyo, 263.747 comenzaron el primer día de la semana, el 26,4% del total; es decir, se concentran especialmente los lunes. A medida que avanza la semana, el número de bajas disminuye: 195.662 el martes, 176.049 el miércoles, 163.999 el jueves y 136.595 el viernes, cuando se desploman a la mitad respecto al lunes. A finales de 2025, Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, calificó estas ausencias como “un gran problema” que se sostiene en el tiempo en España.
La discusión se produce en un contexto de crecimiento sostenido de las prestaciones por incapacidad temporal, que aumentan de forma ininterrumpida desde 2012, según los datos de la Seguridad Social, y que están provocando, por tanto, un gasto que se dispara a niveles récord y provoca otro agujero en las cuentas públicas. En 2025, las bajas laborales por contingencia común -enfermedad común y accidente no laboral- crecieron un 5,34%, más del doble que las afiliaciones al régimen general de la Seguridad Social, que avanzaron un 2,28% en el mismo periodo.
Según el Observatorio nacional de Contingencias Comunes 2025 de Asepeyo, durante el pasado ejercicio se acumularon más de 339 millones de días de baja, equivalentes a la ausencia continuada de unos 929.000 trabajadores. En el conjunto nacional, la duración media de estos procesos se situó en 39,7 días, 0,4 días más que en el ejercicio anterior.
En la población protegida por Asepeyo se iniciaron 1.000.486 procesos de baja, que acumularon 40,7 millones de días de ausencia. El mapa, sin embargo, no es homogéneo: Extremadura, con 76,2 días de duración media, y Galicia, con 72,3, registraron los promedios más elevados, mientras que Navarra, con 26,8, y Cataluña, con 27,2, presentaron los más bajos.
POCOS ACUMULAN MUCHAS BAJAS
El fenómeno se concentra, además de en los primeros días de la semana, en una minoría. Según Asepeyo, el 4% de los trabajadores acumula el 34% del total de las bajas, casi un tercio del volumen total. En el universo analizado por la mutua, el 69% de los trabajadores protegidos no cursó ninguna baja durante el año; el 27% acumuló una o dos; y solo el 4% registró tres o más procesos. El coste medio del absentismo superó los 2.991 euros por persona trabajadora.
En la era pospandemia, las empresas se han encontrado con un cambio de fondo en los patrones de baja y absentismo. Las ausencias ya no responden solo a las dolencias físicas tradicionales, sino también a un conjunto de tensiones, ritmos y condiciones laborales que se han intensificado en los últimos años. Y ahí la salud mental ha pasado a ocupar un lugar central.
Casi la mitad de las bajas, el 48,61%, están relacionadas con patologías traumatológicas o psiquiátricas. La salud mental representa ya el 15,66% de los procesos y tiene una duración media de 136 días, muy por encima de la media general. Su incidencia es especialmente alta en la gran empresa, donde el 37% de los días de baja responde a esta causa. La diferencia obliga a mirar más allá del diagnóstico individual y a preguntarse por la organización del trabajo, la presión sobre las plantillas y el equilibrio entre productividad y bienestar.
EL FIN DEL ESTIGMA
La salud mental se ha convertido así en una de las principales causas de incapacidad temporal. Bajo esa etiqueta no aparecen únicamente cuadros graves o extremos, sino también ansiedad, depresión, estrés crónico o trastornos del sueño. La novedad no está solo en que haya más casos, sino en que cada vez más trabajadores están dispuestos a pedir ayuda, solicitar una baja y dejar constancia de un malestar que durante años se minimizó o se soportó en silencio.
El incremento de las bajas puede leerse, por tanto, como síntoma de un problema creciente, pero también como señal de un cambio cultural: la salud mental ha perdido parte del estigma y empieza a ser reconocida como una dimensión legítima de la salud laboral. No parece una moda pasajera. La proporción de bajas vinculadas al deterioro psicológico se ha instalado ya en cifras de doble dígito y su duración media convierte esta patología en uno de los grandes focos del absentismo.
El patrón tampoco es homogéneo por sectores. La incidencia media se situó en 49.947 casos por cada 100.000 trabajadores protegidos, pero algunos sectores quedaron muy por encima: actividades administrativas y servicios auxiliares, con 69.588; actividades sanitarias y servicios sociales, con 69.091; y suministro de agua, saneamiento, gestión de residuos y descontaminación, con 63.780. En las actividades administrativas y de servicios auxiliares, además, el 12% de los días de baja corresponde a patología psiquiátrica.
Son ámbitos en los que el trabajo puede resultar especialmente exigente, con turnos largos, falta de recursos y una elevada responsabilidad emocional. Un desgaste sostenido que, en demasiadas ocasiones, no encuentra respuesta dentro de la propia organización. Cuando no hay mecanismos de acompañamiento, la baja se convierte en la única vía visible y legal para detenerse.