Navarros Globales
Un economista pamplonés en la República Checa
Iñigo de Pedro Amatria lleva doce en la ciudad de Brno, donde es jefe de operaciones senior en una compañía tecnológica con 1.500 empleados


Actualizado el 22/04/2024 a las 20:58
La República Checa no entraba en el mapa que Iñigo de Pedro Amatria trazaba en su imaginario entre los posibles destinos que dibujaban su futuro laboral. Pamplonés de 40 años, estudió Economía e inició una trayectoria que le ha llevado por el centro y el este de Europa. El 7 de mayo hará doce años que llegó a Brno, con 380.000 habitantes, la segunda ciudad más poblada de Chequia después de Praga. Sin descartar volver, ahora mismo es España la que no está en su geografía para anidar.
Iñigo de Pedro, el menor de dos hermanos, se formó en el colegio San Cernin y estudió Economía en la Universidad Pública de Navarra. Cursó el último año con una beca Erasmus en la Universidad Libre de Bruselas. Reconoce que la decisión de matricularse en Economía fue “un poco aleatoria”. “Se me daban bien las mates, pero no lo tenía muy claro”, apunta. Cuando se graduó trabajó durante dos años en IBM en Madrid y se presentó después al master ICEX (España de Importaciones e Inversiones), que ahonda en la internacionalización empresarial. Pasados los primeros seis meses inició la segunda parte, que incluía trabajar en el departamento de comercio exterior de una embajada de España. En su caso fue la de Kiev, en Ucrania, donde permaneció año y medio, tiempo en el que aprendió ruso. Trabajó otro año y medio en Moscú, para una empresa española, en ventas, y volvió a Pamplona. Fue un paréntesis escueto. Dos meses. Dejó de nuevo su ciudad tras la oportunidad de desplazarse a Chequia, un país nuevo para él, concretamente a Brno, ciudad conocida por el Gran Premio de Moto GP que organizó hasta el año pasado.: “No había estado nunca, sí había viajado más al Este, a Georgia, Rusia, Bielorrusia, Bulgaria...”.
Llegó a Brno el 7 de mayo de 2012, pronto hará doce años, y sigue trabajando en la misma empresa, un grupo tecnológico hindú, con matriz en la India, que cuenta con 1.500 empleados en la planta checa, dedicado a dar servicio a otras empresas. “Tuve unas cuantas promociones internas y ahora soy jefe de operaciones senior”, explica Iñigo. “Llevo dos proyectos con dos empresas tecnológicas americanas bastante conocidas, no puedo decir sus nombres por confidencialidad profesional, y tengo a mi cargo a unas 300 personas”, sostiene. Ofrecen diferentes servicios técnicos y financieros. “La perspectiva de volver nunca se pierde, pero en este tiempo mi nivel de vida aquí ha mejorado y mirando el mercado en España...”, Iñigo evidencia que en su país sería complicado igualar ahora mismo las condiciones que tiene en Chequia.
Iñigo de Pedro sabe cuándo entra a trabajar, pero la hora de salida es más imprecisa, debido a su responsabilidad. “Normalmente entro a las 8 y acabo sobre las 5 de la tarde”, indica y subraya que se desplaza en transporte público. “El coche lo tengo aparcado, solo lo muevo para ir al aeropuerto cuando debo coger algún vuelo. Me muevo en transporte público, que es extremadamente puntual, si pone que pasa en un minuto, es en un minuto, es estupendo y barato”, detalla las buenas conexiones en un entorno de tamaño medio, “ni grande, ni pequeño”. Brno tiene doce líneas de tranvía y trece trolebuses. “Estoy muy contento con la ciudad, es súper cómoda y en quince minutos estás en cualquier sitio; de lo contrario, imagino que no habría seguido aquí”, razona.
Por “la naturaleza de la empresa”, Iñigo cuenta con muchos amigos extranjeros, pero también varios de Brno, “una lugar animado”. “No como España, pero a la gente le gusta tomarse una cerveza después del trabajo, la cerveza es como una religión aquí”, constata. Destaca además el ambiente universitario, con sus 33 facultades.
En el trabajo Iñigo se desenvuelve en inglés “en un 90%”, también utiliza el francés y a veces, el español. Habla inglés en su vida cotidiana en la ciudad. “Cuando llegué era más complicado que en algunos lugares te atendieran en inglés, con el paso de los años ha habido una evolución y ya es más habitual”, concede. “El checo no lo he aprendido, lo entiendo mucho por sus similitudes con el ruso”, señala Iñigo desde este rincón europeo en el que no conoce a ningún otro navarro. “Tengo un amigo de Mallorca, otro de Asturias, de Barcelona y mi casero es de Madrid”, enumera.
Hace doce años, en el trabajo, conoció a Joanna, una joven polaca con la que se casó el pasado verano en Polonia. Ella estudió Relaciones Europeas y ahora está empleada en otra compañía. Viajan al país de Joanna en coche, “en un trayecto de entre seis y siete horas a una región al sureste, cerca de Ucrania y Eslovaquia”. Para desplazarse a Pamplona lo hacen desde el aeropuerto de Viena, situado a unos 115 kilómetros, “algo más de una hora por autopista”, más cerca que Praga. Desde allí vuelan a Madrid o Barcelona. Hacen dos visitas, una en verano y otra en Navidad. La pareja se comunica en francés y algo en español, idioma que ella está aprendiendo ahora. “De mudarnos a uno de los dos países sería a España porque a ella le gusta mucho”, apunta Iñigo, mientras continúa encajando piezas en su peculiar puzle europeo, desde Born, donde el clima es similar al de Pamplona, “calor en verano y frío en invierno, aunque nieva más”.