Navarros Globales

Una pamplonesa en las Maldivas: la vida sencilla en una burbuja

Salma Basterra Ruiz de Larrinaga, graduada en Gestión Aplicada (ISSA) y amante de la aventura, quería vivir una experiencia “enriquecedora” en un lugar “remoto e idílico”. Ahora es ejecutiva de relaciones con los clientes en el hotel Kuramathi de Rasdhoo

Salma Basterra (a la izda) practica esnórquel habitualmente en Maldivas (derecha)
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Salma Basterra (a la izda) practica esnórquel habitualmente en Maldivas (derecha)
Salma Basterra (a la izda) practica esnórquel habitualmente en Maldivas (derecha)

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Eva Fernández

Publicado el 27/11/2023 a las 05:00

Cuenta que su pasión viajera la heredó por vía materna y que su aventura en Maldivas empezó a gestarse en su segundo viaje familiar a este archipiélago del océano Índico en agosto de 2019. 

“Me atrapó el color turquesa del mar, sus aguas cristalinas y esa burbuja de tranquilidad que se respira siempre que estás en un lugar remoto”, recuerda Salma Basterra Ruiz de Larrinaga, de 22 años. 

La joven pamplonesa ya había visitado con siete años este pequeño país tropical, situado al sudoeste de Sri Lanka e India y compuesto por 1.200 islas de coral (de las que sólo 203 están habitadas), pero confiesa que, “de esa primera vez apenas tiene recuerdos”. 

Quizás, si no hubiera viajado tanto con su familia (Kenia, India, Mauricio, Nueva York, Finlandia, Egipto...), ella no estaría hoy allí, pero quería vivir una experiencia “enriquecedora” en un sitio “idílico”.

Como buena graduada en Gestión Aplicada (ISSA) por la Universidad de Navarra -donde en octubre de 2023 recibió el Premio Extraordinario Fin de Grado-, Basterra buscó y buscó por internet ese contacto imprescindible de Recursos Humanos que le permitiera obtener un contrato en un país exótico y extranjero, y lo encontró. 

“Podía haberme quedado en J&A Garrigues en Madrid, donde había realizado las prácticas de la carrera, pero sabía que si no aprovechaba ese momento en mi vida, posiblemente no lo haría nunca. Así que escribí y envíe currículums a decenas de empresas y recibí contestación y ofertas de varias de ellas (incluso de Dubái), aunque acabé decantándome por el puesto de ejecutiva de relaciones con los clientes en el hotel Kuramathi de Maldivas”, relata.

Cuando llegó a Maldivas, “no le costó nada adaptarse”: “iba con muchas ganas y mentalmente preparada”. Le instalaron en unos apartamentos en la misma isla del hotel (isla de Kuramathi -de solo 2 km de largo- en el atolón de Rasdhoo) en los que se alojan los trabajadores, y donde comparte habitación doble con una compañera de Túnez. “Los resorts en Maldivas son muy bonitos, confortables y atentos con el visitante, y además, desde el primer momento, sentí especialmente el calor de dos compañeros, Hisham y Makpal, que me han acogido en la isla como si fuera una hija”, remarca.

La joven navarra asegura llevar “una vida muy sencilla”. Se levanta a las 7:30h, desayuna y da su paseo de 15 minutos para llegar al hotel, donde tiene una jornada laboral de 9 a 18h, aunque incluye una hora para comer. Después del trabajo: gimnasio, cena y cama. A veces, por la noche, tiene encuentros (meetings) con los clientes mientras ven algún espectáculo de djs, bandas de música locales, etc.

“Mi labor consiste en ofrecer a los turistas (en mi caso, españoles fundamentalmente) la mejor estancia posible, atendiendo sus solicitudes y haciendo que conozcan todos nuestros servicios: actividades en el mar con tortugas, delfines o tiburón ballena; submarinismo, pesca o inmersión en un pequeño submarino, deportes acuáticos, servicios de spa o nuestra red de bares y restaurantes temáticos por toda la isla”, señala.

Pero Basterra tiene un día libre a la semana, que aprovecha para hacer “todo lo que puede”. En Maldivas dice que “se ha quitado el mayor miedo que podía tener: el miedo al mar”. “No podía dejar de ver sus maravillas marinas, así que decidí enfrentarme a él y ahora tengo la primera certificación de submarinismo, Open Water, y siempre que puedo estoy metida en el agua. 

Además practico deportes acuáticos, como el kitesurf, la navegación en vela o el paddle surf”, añade. También aprovecha para ir a la isla local de Rasdhoo (cercana a Kuramathi) y a la capital, Malé (en la isla más densamente poblada: 103.000 de los 580.000 habitantes del país), a hacer gestiones del consulado y del banco o a comer con compañeros de trabajo: “esa comida tan picante a la que, afortunadamente tras un tiempo, ya se ha adaptado”.

La graduada pamplonesa confiesa que lo que más le ha impactado de Maldivas es conocer a “personas que llevan trabajando en las islas más de 20 años”, aunque su familia viva en otro país, generalmente India o Sri Lanka. “Creo que es un sacrificio muy grande vivir tanto tiempo alejado de tus seres queridos”, expresa.

De momento, Basterra tiene contrato para un año, pero no sabe aún cuándo será su vuelta definitiva a Pamplona. “Me agrada mucho la simplicidad que tengo ahora mismo en la vida. Aquí con lo básico soy feliz. No necesito ni un coche de lujo, ni ropa de marca, ni estar a la última en tecnología... Vivir y trabajar aquí es como estar en una burbuja”.

DNI

Nacimiento. Pamplona, 20-8-2001. 

Formación. Estudió en el colegio Jesuitinas de la Txantrea y luego cursó el Grado de Gestión Aplicada, ISSA, en la Universidad de Navarra (2019-23). 

Trabajo. Compatibilizó sus estudios con la labor de instructora de esquí (2017-23), realizó prácticas en el departamento financiero de J&A Garrigues en Madrid y, desde el pasado julio, trabaja como ejecutiva de atención al cliente en el hotel Kuramathi de Maldivas. 

Familia. Es hija de Óscar Basterra Gulina, veterinario; y Mª del Mar Ruiz de Larrinaga De Rojas. Su hermano, Yelko (25), es ingeniero y cursa un máster en Madrid. Tienen dos perritas, una de ellas llamada Malé, como la capital de las Maldivas.

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