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La Diáspora

Ramón Urrutia Beltrán, supervisor de 13.000 km de tripa al día en Itú

El casedano Ramón Urrutia fue a trabajar a la planta que Viscofan tiene en Brasil en 1995. Acabó por formar una familia en la ciudad y ahora es jefe de producción

Ramón Urrutia Beltrán conoció a su mujer, Edavni de Cruz Barbosa, en Itú. Tuvieron una hija en 2001, Victória Barbosa Urrutia (en el centro)
Ramón Urrutia Beltrán conoció a su mujer, Edavni de Cruz Barbosa, en Itú. Tuvieron una hija en 2001, Victória Barbosa Urrutia (en el centro)Cedida
  • Paloma Dealbert
Actualizado el 01/08/2021 a las 23:14
Empezó sus prácticas en su municipio, en Cáseda, y ahora vela por la transformación diaria de 13.000 km de tripa para envolver embutidos en Brasil. El recorrido de Ramón Urrutia Beltrán dio un giro notable cuando decidió tomar el relevo a un compañero de Viscofan en la recién inaugurada fábrica de la ciudad de Itú, en el estado brasileño de Sao Paulo. Aterrizó el 9 de enero de 1995 para una estancia de dos años, pero más de un cuarto de siglo después continúa en el municipio, en el que ha formado su propia familia.
El Brasil de 26 años atrás no es el de hoy, era muy precario y el propio brasileño se denominaba a sí mismo tercermundista”, apunta Urrutia. Su antecesor en el puesto permaneció 9 meses, pero no se adaptó a la vida de allí. A Ramón Urrutia le costó acostumbrarse, tanto en lo laboral como en lo personal, pero terminó por enamorarse de la idiosincrasia nacional: “Es una forma de vida totalmente diferente que me fue cautivando, pues realmente esta gente vive, aprovecha al máximo”. Y también se enamoró de la que ahora es su esposa, la ituense Edvani de Cruz Barbosa. El matrimonio tuvo un a hija en 2001, que consta como Victória Barbosa Urrutia en los documentos de su país natal porque allí el apellido de la madre se pone primero. El casedano, técnico electromecánico, entró a trabajar en 1990 en Viscofan, una firma creada en su localidad. “Veía que por no ser ingeniero tenía dificultad para subir de categoría, de cargo. Al ir a Brasil se me abría una puerta para crecer dentro de la empresa”, explica Urrutia. Con la nueva planta de Itú, una ciudad de 160.000 habitantes, la compañía necesitaba a personas que enseñaran cómo manejar y mantener la maquinaria, que fabrica el propio grupo.
Sus primeros dos años fueron “muy duros” para él y sus compañeros, en especial los primeros tres meses: “Para comer, buscar perfiles de trabajadores y sobre todo para comprar cosas para la fábrica”. Y celebrar las Navidades en pantalón corto. Poco a poco, añade, el país empezó a transformarse y ellos fueron “entendiendo” la cultura brasileña. “Se habla de que los brasileños solo piensan en samba; pues no. Son personas muy trabajadoras. El ritmo es muy diferente, sacan mucho más jugo de todo, porque son más constantes”, defiende. Además, apunta el casedano, “aprovechan más el día”. Sus fiestas comienzan más temprano y es habitual celebrar barbacoas, para las que se queda a las 11 horas y cada uno contribuye con lo que le es posible de comida y bebida.
UN RITMO DE VIDA DISTINTO
La planta cosechó éxito desde el principio y Ramón Urrutia terminó por encargarse de la producción en su fase final, la de plisado, en la que la materia prima transformada en la bovina de tripa pasa a conformar “unos tubitos” a modo de molde para dar forma a las salchichas. Una vez se rellenan, este envoltorio se retira. Pero también elaboran tripas comestibles a partir de colágeno, unos 3.000 kilómetros al día.
Aunque las cifras son relevantes dentro del sector, Itú es considerada una ciudad -un pueblo- dormitorio. “Itú es caro, porque tiene su historia, porque es un lugar turístico y no se quiere llevar industria”, indica Urrutia. A 30 km está Sorocaba, con 600.000 habitantes. A 60 km está Campinas, con 1 ,2 millones, y a 100 km, Sao Paulo capital, con 12,33 millones.
Es un pueblito perdido de la mano de Dios, pero dentro de Brasil, es conocido porque todo es grande, se exagera”, asegura el navarro. En el municipio hay un semáforo o una cabina de teléfono gigantes, entre otras figuras, que atraen a muchos visitantes. Pero el nombre del lugar suena desde hace bastantes décadas: “Cuando el oro negro era lo que a Brasil lo levantó, las reuniones de los señores del café se hacían en Itú. La primera urbanización se hizo en Itú. La primera urbanización sin cables, con todo subterráneo, es en Itú”.
En la localidad en la que vive no existen demasiados edificios altos en comparación con ciudades cercanas. El país, admite Urrutia, “no es muy seguro”, por lo que existente muchos condominios. Una casa fuera de uno, de unos 120 m2, tiene un precio de 200.000 reales. Un euro, al cambio, son algo más de 6 reales. En una urbanización sencilla costaría algo más del doble, y cuando empiezan a incluir canchas de baloncesto o piscinas, entre otros servicios, enseguida supera el millón de reales. En los mejores lugares, afirma Ramón Urrutia, alcanzan los dos o tres millones de euros.
Los lugareños disfrutan de unas temperaturas agradables, que entre mayo y octubre, la época más se sitúan entre los 18 y 20ºC a mediodía : “Es curioso cómo se va acostumbrando el cuerpo. Yo esquiaba, me encantaba el frío, y hoy no cambiaría el calor por el frío”.

DNI

​Nombre. Ramón Urrutia Beltrán.
Fecha y lugar de nacimiento. 8 de febrero de 1968 (53 años), en Cáseda.
Estado civil. Casado con Edvani de Cruz Barbosa. Tienen una hija en común, Victória Barbosa Urrutia, que nació en 2001.
Familia. Sus padres son Ramón Urrutia Ayesa (85 años) y Marcelina Beltrán Navarro (87 años). Sus hermanos son Ángel Mari, Montse y Rosabel Ruiz Beltrán. 
Estudios y trayectoria profesional. Estudió en Cáseda y luego cursó Electricidad y Mecanizado en el Colegio de Técnicos de Lumbier.
Lugar de trabajo. Desarrolla su labor como jefe de producción en la planta que tiene Viscofán en Itú (Brasil). Supervisa el proceso final de la fabricación de envoltorios para embutidos, el denominado como proceso de plisado.

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