Opinión
El futuro industrial: una oportunidad y un deber para la UE


Publicado el 09/10/2024 a las 16:28
El exprimer ministro italiano y economista Mario Draghi presentó, a petición de la Comisión Europea, un informe titulado “The Future of European Competitiveness” (“El futuro de la competitividad europea”) el pasado mes de septiembre. Este documento analiza los principales retos que enfrenta Europa para consolidarse como un actor competitivo a nivel global. Draghi propone un enfoque estratégico centrado en tres áreas clave: la reducción de la brecha de innovación con Estados Unidos y China, el fortalecimiento de la seguridad, y la implementación de un plan conjunto de descarbonización y competitividad.
Este informe muestra la situación actual del crecimiento económico e innovación en las empresas europeas, que a menudo se ven limitadas por brechas sociales, estructurales, energéticas y de inversión presentes en el continente. Además, describe cómo las dependencias históricas que la Unión Europea tenía de terceros países en términos energéticos, manufactureros o de materias primas se han convertido hoy en día en vulnerabilidades agravadas por el nuevo contexto geopolítico.
El término que de manera más precisa sintetiza esta realidad de debilidad es dependencia. Un concepto que, aunque en algunos casos puede propiciar la cooperación y el beneficio mutuo, ha generado vulnerabilidades en sectores clave dentro de la Unión Europea, donde antes no existían o no eran tan pronunciadas. Esta situación ha expuesto a la UE a riesgos significativos, especialmente en áreas críticas como la energía, las materias primas y la tecnología.Un ejemplo claro es la estrategia de deslocalización de la producción hacia Asia. Durante décadas, muchas industrias europeas han optado por externalizar su producción a países con costos más bajos como China, incrementado la dependencia europea de las cadenas de suministro asiáticas. Esta dependencia ha expuesto a la industria europea a grandes riesgos ante cualquier interrupción o conflicto en el contexto global, revelando además una falta de resiliencia en la producción europea. Como resultado, China ha emergido como una de las principales potencias manufactureras del mundo compitiendo en el mercado con una gama de productos más baratos, lo que ha debilitado a la industria europea, que a menudo tiene regulaciones más estrictas en cuanto a estándares ambientales y laborales.
Otro factor que ha contribuido a la vulnerabilidad de la industria europea es la crisis energética que atraviesa la Unión actualmente, exacerbada por la dependencia energética de Rusia y el aumento de los costos energéticos. Dichos precios se vieron disparados a partir de la invasión rusa de Ucrania en 2022 y la ruptura de la relación con Rusia, afectando directamente a las industrias europeas y poniendo de manifiesto la fragilidad de Europa en su proceso de transición energética.
También cabe mencionar los problemas estructurales que enfrenta la propia industria europea, tales como la falta de inversión en innovación tecnológica y desarrollo, lo que la deja en desventaja frente a competidores globales más ágiles. Además, el envejecimiento de la población europea está reduciendo la fuerza laboral disponible y afectando la productividad, lo que agrava aún más la capacidad de la industria para adaptarse a los rápidos cambios del mercado y mantener su competitividad.
Ante esta serie de dificultades y debilidades que presenta la industria europea en la actualidad, la Unión Europea ha presentado un plan con una nueva política industrial europea. Esta nueva estrategia busca una transformación inmediata para garantizar su sostenibilidad y competitividad futura. El reto es significativo: reindustrializar a los Estados miembros y, al mismo tiempo, garantizar una industria limpia y eficiente. Conseguir la descarbonización y la eliminación del uso de combustibles fósiles mientras se impulsa el desarrollo industrial es una tarea compleja. No obstante, es precisamente en esta área donde la Unión Europea debe posicionarse como líder y ejemplo a nivel global en la transición hacia una industria más sostenible y competitiva.
Para ello, el primer paso, como destaca también el informe Draghi, debe ser un aumento de la inversión, apoyado en parte por una nueva deuda común, destinada a financiar proyectos de digitalización y sostenibilidad. Esto permitiría incrementar el ritmo de descarbonización y el desarrollo de energías renovables, reduciendo sus costos y fomentando su adopción hasta garantizar una bajada de los costos energéticos y medioambientales que repercutirían en un regreso de la industria manufacturera al continente. Con el incremento de la actividad industrial y la implementación de leyes como la futura Ley de Materias Primas Fundamentales, la industria europea reduciría su dependencia de actores externos y podría enfocarse en mejorar su desarrollo tecnológico e industrial con el objetivo de competir en términos de automatización, eficiencia y precios.
A pesar de los numerosos retos que enfrenta y de la posición desde la que parte en este nuevo contexto global, la Unión Europea cuenta con las herramientas, la capacidad y el talento necesarios para liderar este cambio demostrando al resto del mundo que el camino hacia un futuro sostenible, igualitario y responsable no solo es posible, sino necesario.
Iñaki Ranz Doncel es ingeniero mecánico, técnico superior en automoción y portavoz de Equipo Europa Navarra.